Testimonio

18 Dic 2016

Por Milagros Luciano
Hola, ante todo muchas gracias a Dios por darme otro día de vida.
Durante años tuve relaciones difíciles y decisiones que me llevaron a destruirme como persona y también al aborto en diversas ocasiones. ¿Cómo cambié de vida? Pues me hice seguidora de EWTN, un exitoso canal católico y es ahí donde conocí el testimonio de Patricia Sandoval, una gran activista pro vida. En su persona me vi totalmente reflejada, me emocionó su valentía para contarlo y su conversión.

El testimonio de Patricia fue una inspiración y me tocó el corazón de lleno hasta el punto de acercarme a la confesión, lo cual pensé iba a resultar un momento durísimo pero acabó siendo una enorme sanación para mi alma. Todavía no he vivido un retiro post aborto pero imploro y ruego a Dios su misericordia a pesar de no merecerla.

 El aborto es algo injustificable, lo digo por experiencia propia. Siento que, a pesar de mi error, Dios me ama, nos ama a todas las mujeres que hemos pasado por esta situación. Mis ángeles, esas inocentes criaturas a las que aborté, están presentes conmigo cada día. Solo pido que mujeres que pasan por la desagradable experiencia del aborto se acerquen a Dios y oren por sus hijos ya que Jesucristo vela por nosotras.

Milagros Luciano escribió este testimonio personal para compartirlo en SalvarEl1

16 Ene 2016

Breve vídeo
Sola, asustada, y con un hijo pequeño, Esperanza Puente se sometió a un aborto, pensando que era la única salida para ella. 

En la Iglesia encontró acogida, misericordia, y reconciliación con su hijo perdido, consigo misma, con quienes no la dieron más opción que el aborto, y con Dios. Con su ayuda superó el trauma postaborto. 

Hoy trabaja activamente ayudando a las mujeres embarazadas a abrazar el don de su maternidad, a acoger y acompañar en su dolor a las que se han sometido a un aborto voluntario, y a prevenirlo. 

Ha contado su testimonio en congresos nacionales e internacionales, en colegios, institutos y universidades, en foros médicos e incluso en la ONU.

Abortó abandonada, sin apoyos y mal informada
Esperanza Puente se encontraba sola, abandonada de su pareja y sin el apoyo de su familia para acoger la vida que empezaba a abrirse paso en ella. Tampoco encontró información veraz de lo que era el aborto. 

El miedo, la ausencia de alternativas, y la rapidez con que la ofrecieron el aborto, la empujaron a ello: “Me ofrecieron el aborto en 24 horas. En una situación de miedo, como yo me encontraba, no es el momento para tomar una decisión de ese calibre”.

Esperanza reconoce que, en la mayoría de los casos, el aborto no es algo querido libremente por la mujer, sino una imposición a la que se le empuja con toda la presión social y cultural, empezando muchas veces por la propia familia: “No es una decisión libre porque está muy condicionada; siempre hay un condicionamiento por el que la mujer se ve abocada al aborto. Prevalece mucho la presión, no sólo social sino familiar, especialmente del entorno”.

Los problemas no desaparecieron, sino que aumentaron: depresión, angustia, ansiedad, inestabilidad emocional, autodesprecio.

Esperanza habla del sufrimiento que le siguió al aborto: “En mi caso tuve problemas desde que se me realizó el aborto. Tuve problemas psicológicos con depresión, con angustia, con ansiedad, mi estado de ánimo era una montaña rusa… Mi vida cambió en negativo.”

Junto con un cuadro depresivo Esperanza comenzó a autodespreciarse y a lesionarse: “Hay muchas maneras de autolesionarse la mujer después de un aborto provocado, desde somatizar enfermedades que no tienes hasta 'me apetece un vaso de agua y no me lo bebo'. De un extremo a otro se pueden meter cualquier tipo de autolesiones; cada mujer es un mundo. Lo que sí es cierto es que después de un aborto hay muchas maneras de autolesionarse. Yo tardé un año en pedir ayuda”.

Ocultamiento de la verdad del aborto
La realidad es que a Esperanza, como a tantísimas otras mujeres en situación de aborto, no sólo no se las informa con veracidad de lo que esta práctica es, ni de sus profundas consecuencias, sino que se las oculta explícitamente la verdad del aborto: “No sólo no se informa sino que, a día de hoy, que hay tantos adelantos y no sólo estudios que demuestran que existe el síndrome post-aborto, aún hay profesionales de la psicología y la psiquiatría que aseguran que no pasa nada, que se olvida”.

Negación ante un hecho traumático
Pero como testimonia Esperanza, “la realidad es muy distinta. No es un hecho como el que va a sacarse una muela. Es un hecho traumático, violento, contrario a la mujer, a su esencia como ser humano. Tiene consecuencias sí o sí. Hay mujeres que tardan más, que entran en un proceso de negación que puede durar años y que aparentemente puedan vivir como si no hubiera pasado nada. Eso no les garantiza que en cualquier momento de su existencia puedan sufrir el trauma post-aborto. De hecho, yo me estoy encontrando mujeres que han abortado hace 15 ó 20 años y que han vivido como si no hubiera pasado nada, pero luego el nacimiento de un nieto, todo lo que tiene que ver con bebés, puede romper con ese silencio de conciencia y saltar con toda su virulencia”.

Ansiedad, depresión, mayor soledad, la herida interior
Las consecuencias psíquicas, emocionales y espirituales aparecieron en seguida. Esperanza empezó a pedir ayuda: “Tuve que pedir ayuda psiquiátrica y mi diagnóstico fue crisis de ansiedad aguda en grado máximo. Y como las mujeres estamos condenadas al silencio y a la soledad después de un aborto, nos cuesta mucho hablar de ello e incluso contarlo a los profesionales que nos pueden ayudar. Yo tardé 8 meses en contarle al psiquiatra que había abortado y una vez que lo conté la terapia cambió”.

Sanar la herida del alma
Esperanza pudo superar el síndrome post-borto entrando en un proceso de sanación interior: “El síndrome post-aborto lo superé, que es la herida humana. La herida espiritual también porque a fin de cuentas es un hecho tan traumático, que afecta tanto a la mujer en lo más profundo de su existencia, al final la herida espiritual hay que curarla”.

Para Esperanza, la fe es ha sido una gran ayuda para superar las gravísimas consecuencias del aborto. La herida del alma la tiene toda mujer que se ha sometido al aborto, y esto es así -como dice Esperanza-, “tanto si tienes fe como si no la tienes”. “Las mujeres que no tienen fe también tienen herida espiritual porque no somos seres vivientes que pululan por la vida, somos algo más. En el caso de las mujeres que tienen fe es un poquito más fácil porque tienes la esperanza del perdón”.

Esperanza acudió a la Iglesia y allí encontró la ayuda espiritual que necesitaba: “Más tarde encontré el camino a Dios, y experimenté el perdón de Jesucristo. Así me curé de las dos heridas que provoca el aborto: la humana y la espiritual".

El duelo por el hijo que murió
Junto a la sanación del alma está el duelo por el niño que murió. “Superar el duelo por esa pérdida para nosotras, las mujeres que hemos sufrido un aborto, es un poquito más complicado porque no lo hemos visto, no lo hemos tocado, no lo hemos personalizado pero sí tenemos la certeza absoluta de que ha existido. Y el duelo a veces se atasca un poco más”. 

No superar el duelo, y que este se atasque, forma parte de la autolesión. Como ha vivido Esperanza: “De alguna manera tengo que tener algo que me haga daño, que me duela… Durante muchos años de haber superado el síndrome post-aborto, el duelo lo tenía perfectamente atascado. Un profesional en un congreso me dijo: “Tú el duelo no lo has pasado. Pues hay que pasarlo porque eso es un dolor que está ahí interno, que duele y que hay que curarlo”. Que he perdido un hijo, o que tengo un hijo muerto, eso nunca se olvida”

13 Ene 2016

Testimonio de M

Enviado por Galsuinda

El drama del aborto

Testimonio de una mujer que ha sufrido un aborto provocado

Soy soltera y hace cuatro años mantuve una relación con una persona que tenía problemas psicológicos. Todo fue muy rápido... Las mujeres a veces tenemos relaciones sin quererlo. Lo dejé porque era una persona que no me podía hacer ningún bien. La verdad es que ni me di cuenta de que estaba embarazada. Pensaba que con 40 años no me podía quedar embarazada pero cuando me di cuenta estaba de 3 meses. Para mí fue un golpe.

Nunca había pensado en tener hijos, no me preocupaba. Pero aquel hombre me insistía de forma enfermiza que quería un hijo; quería un hijo para él. Hasta me llegaron a llamar sus padres. Todo era muy raro. Todo esto me afectó.

Me planteé que, aunque el padre de la criatura no me convenía para nada, podía aprovechar para ser madre. Pero me di cuenta de que todo esto sería un drama para mí y me ofusqué. Y cuando estás ofuscada tomas malas decisiones, de manera que yo cometí el error de hacérselo pagar todo al niño.  Fue un gran error.

Lo más curioso es que yo siempre había criticado el aborto. Siempre había pensado que nadie tiene derecho a quitar la vida a otro. Yo siempre criticaba las mujeres que lo hacían. Pero ahora las puedo entender porque a veces en la vida te encuentras en situaciones en las que realmente se te va la cabeza. Estás muy ofuscada, y te sientes muy sola, porque aunque parezca que la gente te acompaña mucho, no es verdad.

En aquel momento la única cosa que yo buscaba era que alguien me apoyara porque yo no quería abortar. Deseaba que me dijeran que era un error. Pero la única cosa que me dijeron fue: “Tú eres la mujer, tú debes tomar la decisión, nadie puede decidir per ti. Haz lo que tú creas y yo te apoyo.” Y éste era el gran error, porque yo no tenía capacidad para decidir, y entonces decidí mal.

En mi cuerpo había una mezcla de emociones muy fuerte. Hasta mi cerebro iba trabajando aquel día. En un momento dado yo pensaba “¿Estará bien el niño?”, y yo no quería abortar de ninguna manera. Pero todo fue tan rápido que no me dejaban ni pensar... No había nadie que me ayudase, no me sentía apoyada. Si alguien me hubiese dicho “¿Estás segura?, ¿Quieres pensarlo?” yo hubiese dicho: “Sí, sí, quiero pensarlo”, y en cambio me decían: “Es lo mejor que puedes hacer. Si has venido aquí es porque no estás capacitada para tener un hijo, lo mejor es que abortes”. También pregunté: “Pero,¿el niño padecerá?”. Entonces me dijeron que todas lo preguntan, y que: “No, no, no pasa nada, todo es una liberación”. Todo lo que me iban diciendo no tenía nada que ver con la realidad.

El problema era que me decían que no era madre, y esto es mentira porque yo me sentía madre aunque me dijeran que no lo era. Yo nunca he tenido instinto maternal, los niños nunca me han gustado mucho... pero desde entonces yo tengo este instinto y ahora me gustan los niños, y lo más fuerte es que yo he sentido en mi cuerpo que realmente hay una unión entre la madre y el hijo que yo nunca hubiese pensado.

Cuando hube abortado me arrepentí mucho. He conocido otras personas que también han abortado, de diferentes edades, jóvenes y más mayores, y para todas ha sido un drama. Es un drama terrorífico, que no se puede explicar. Nadie lo puede entender, sólo las que lo hemos pasado.

Yo he estado cuatro años intentando sobrevivir, porque quedé tan tocada que solo esperaba que la vida fuese muy corta para morirme muy pronto. Es un infierno. La muerte de mis padres fue un drama porque yo era muy jovencita, pero esto fue un millón de veces peor. No se puede explicar. Yo tenía sentimientos encontrados, por un lado estaba el hecho de que yo era la madre y había matado a mi hijo, había decidido que no naciera; y por otro yo sentía todo el dolor por la muerte de mi hijo.

Además, cualquier bebé que veía deseaba llevármelo, porque mi cuerpo necesitaba tener a mi hijo. Eran unos sentimientos muy duros. Tenía mucho insomnio, soñaba continuamente niños triturados, era horroroso. No podía dormir, no me podía concentrar, tenía un sentido de culpabilidad brutal, me sentía muy, muy culpable.

Si no encuentras a alguien que te de una mano, el aborto es un trauma para toda la vida, y ya no puedes estar en paz contigo misma. No puedes seguir adelante. Yo ahora vuelvo a estar bien y en paz gracias al Proyecto Raquel. Gracias a este Proyecto, yo, totalmente arrepentida, he encontrado a alguien que realmente me podía perdonar. Ahora yo creo firmemente que este alguien que me ha perdonado es Dios y que por El he encontrado la paz y estoy bien. Yo también me he perdonado y me he reconciliado con mi hijo.

Quiero dar este testimonio porque no se habla nunca del drama del aborto, y creo que hay muchas mujeres que han pasado lo mismo que yo y no saben que es posible volver a encontrar la paz en esta vida. Yo les quiero decir que en el Proyecto Raquel ellas pueden reencontrar la paz i la reconciliación gracias a la Misericordia del Señor.

          M.

       Proyecto Raquel: 603 462 038 
projecteraquelbarcelona@gmail.com

                   

29 Ago 2015

por Tammy

Hasta que entré en el grupo post aborto no superé mi problema y cuantas veces sentí que me iba a suicidar. Pensaba que no merecía vivir ni ser feliz por lo que hice. Y de hecho, me intenté matar en alguna ocasión.

 
A la edad de 16 años, salí con mi primer novio. Era un chico popular que jugaba a fútbol y me emocioné. Comimos juntos, vimos una película y como todavía tenía tiempo conduje por nuestra zona rural un rato. Visitamos los establos de la familia y estuvimos con los caballos. Pero mi primera cita se convirtió en una pesadilla cuando él me violó en un granero.
 
No se lo conté a nadie porque él enseguida me amenazó diciendo que si lo contaba haría mi vida y la de mis seres amados desgraciada. A las dos semanas se lo conté a un amigo pero por entonces él ya había ido difundiendo su versión de los hechos y nadie me apoyaba, así que decidí olvidarlo y seguir adelante.
No pensé mucho en que podía haber quedado embarazada hasta que empecé a notar los primeros síntomas y me hice una prueba de embarazo en el aseo de una gasolinera. No quería que nadie supiera nada. Antes de hacerla ya tenia pensado qué haría si daba positiva y me había buscado ya el teléfono de una clínica donde me aconsejarían. Efectivamente, dio positiva y yo me enojé con Dios que había permitido no sólo la violación sino el embarazo.
 
Desde el teléfono público llamé a la clínica y me dieron hora enseguida. Decidí que nadie lo supiera, ni padres ni amigos y fui a la clínica a la espera de conseguir que me visitaran ese mismo día.
Fueron muy amables conmigo y me explicaron todo lo referente a la vida y al embarazo. Pero sólo hacían ecografías ciertos días y hubiese tenido que volver. Les dije llorando que estaba muy asustada y que no sabía qué hacer y me respondieron que, aún si decidía abortar, siempre tendría las puertas abiertas. Aún hoy, 17 años después, mantengo relación con uno de los consejeros.
 
Asustada por el bulo que el padre de mi bebé estaba extendiendo y con terror a quedar en evidencia me dirigí a una clínica abortista. Era lo opuesto a la anterior clínica que era acogedora y cálida. Ésta era fría y la gente que esperaba no se miraba las una a la otra. La recepcionista hablaba en voz alta por lo que no existía ninguna privacidad. Me dijo que ese día no me podían atender pero yo rogué y rogué porque no me podía perder un día más de colegio. Así que la convencí y entré de inmediato.
 
No hubo preguntas, ni les importó que estuviera sola. Sólo querían saber si tenia dinero para pagar. Fue una experiencia peor que la violación. Me iba convenciendo a mí misma de que lo que hacía estaba bien porque el niño era fruto de una violación. Me enojé con Dios. Yo sabía que en mi seno había un bebé y que la vida empieza con la concepción pero a mis 17 años, ni lo consideré.
 
No me dejaron ver la ecografía  mientras abortaba y me dijeron que estaba de 14 o 16 semanas. Pero por error escuché el latido del corazón de mi bebé. Le pedí entonces al médico que parase, que no quería abortar, pero me dijo que ya era demasiado tarde. Me dieron un Valium y tras el aborto me dieron prisa para que me vistiese y me marchara ya que necesitaban mi lugar pata otra. No se preocuparon de nada. Ni si me encontraba bien, ni si podía conducir, nada.
 
Me pasé dos horas llorando en mi coche. Realmente, no estaba bien para conducir. Dialogaba conmigo misma y me justificaba diciendo que había hecho lo que debía. Pero mi conciencia me alertaba de que había asesinado a no hijo y me repetía continuamente si yo era de verdad cristiana.
 
Durante muchos años oculte mi dolor y mi trauma. En la universidad tuve un desorden alimentario y aún no sé cómo sobreviví. Seguía frecuentando la iglesia pero me sentía vacía y muerta. Me preguntaba cómo Dios podía perdonarme por haber asesinado a mi hijo.
 
Con esfuerzo superé mi anorexia y dejé la bebida. Trabajé para superar la violación pero siempre obvié el tema del aborto. Incluso mi terapeuta llegó a decirme en algún momento que hice lo adecuado al abortar. Conocí a un chico en la iglesia y decidimos abstenernos de tener relaciones sexuales hasta la noche de bodas. Quería hacer las cosas bien. Pero pasaba el tiempo y yo todavía tenía resquicios de mi anorexia y depresión.
 
Siempre había querido trabajar apoyando a las muchachas que se quedan embarazadas como voluntaria. Un día se lo comenté al pastor de la iglesia y él me dijo que el centro más cercano que él conocía estaba a más de una hora. Me animó a que lo empezara yo en nuestra zona pues era muy necesario. Me animé y entonces empecé a estudiar y leer por mi cuenta todo lo relativo a la gestación y a la depresión post aborto y me di cuenta que éste esta mi problema real y que por él había sufrido tanto.
 
Hace un par de años entré en un grupo de terapia post aborto  en la que me ayudaron a aceptar lo que había hecho y a pedir perdón. Por fin he superado mi anorexia. A veces aún me deprimo pero salgo adelante y no me afecta en el día a día. En nuestro centro local de ayuda a la mujer gestante llevo un grupo post aborto y ayudo a estas mujeres que han abortado en su proceso de sanación.
 
Quiero decirles que el aborto no es nunca la solución y sólo hace que una situación difícil aún sea peor. Mientras abortaba yo preguntaba qué pasaría después pero nadie me respondió. Querían ir rápidos por si cambiaba de parecer. Durante años tenía ataques de pánico cada vez que escuchaba algo parecido al latido de un corazón. Sólo con los años, cuando estuve ya casada y embarazada de mi primer hijo hice la conexión entre el tic tac y mi miedo.
 
Hasta que entré en el grupo post aborto no superé mi problema y cuantas veces sentí que me iba a suicidar. Pensaba que no merecía vivir ni ser feliz por lo que hice. Y de hecho, me intenté matar en alguna ocasión.
Quiero contar lo que sufrí con la violación pero mucho más con los posteriores años de remordimientos. Me justificaba por la violación pero sabía que había matado una vida dentro de mí. El dolor de asesinar a un hijo concebido en una violación es el mismo que el de cualquier otro aborto. Lo he observado en nuestro centro local de ayuda a la mujer embarazada.
4 Jul 2015
Me animé a redactar este testimonio gracias a que encontré por fin el inicio de la paz y el perdón que tanto andaba buscando desde que, hace un año, opté por la decisión “más fácil”, “más cómoda”, la que “dañaría a menos personas”, y la que al mismo tiempo terminó dañando a la persona que más amé hasta el momento: mi propio hijo.
 
Hace un año mi novio y yo, que llevamos juntos 7 años, descubrimos que estábamos esperando un hijo. Esto pasó cuando yo no podía seguir tomando anticonceptivos por motivos de salud. Fue una noticia que me dejó sin aliento. Sentí que perdía el juicio, y no era porque era una adolescente de 15 o 20 años, ya tenía 26 y una carrera profesional concluida, al igual que él. Simplemente sentí que no podría con la responsabilidad, que no estaba preparada, que no podría darle todo lo que pensé darle a mi primer hijo. Ahora puedo resumirlo en puro egoísmo.
 
Una de las cosas que más me reprocho es que mi novio había aceptado con alegría la noticia y, al ver mi negativa, me propuso que lo tuviese y que después me olvidara de él, que él lo criaría. A eso yo le respondí: “si tengo este hijo, me perderás a mí, porque no lo voy a soportar. O me ayudas, o lo hago sola”. Y así, en cuestión de horas, terminó aceptando.
 
Buscar a alguien dispuesto a “ayudarme” no fue difícil. Yo me mostraba muy decidida, aunque en el fondo el miedo me dominaba, y aunque no quería aceptarlo, yo ya lo estaba amando así de chiquito, casi imperceptible como lo vimos en la ecografía. En fin, llegó el día y muy segura fui a la clínica y en cuestión de minutos acabaron no sólo con mi hijo, sino con una parte de mí.
 
Hoy puedo decirles que el dolor físico no es siquiera comparable con el dolor que sentía en el alma. En el instante que salí un terrible arrepentimiento me invadió porque se me abrieron los ojos: ¡había matado a mi propio hijo! Eso fue peor que arrancarme una pierna o un brazo.
Mi novio también experimentó el mismo arrepentimiento y desde entonces solo buscamos formas de evadir el dolor. Nos sumergimos en el trabajo, en la rutina, en las cosas materiales, pero nada hacía que el dolor realmente pasara o mejorara y que volviéramos a sentirnos en paz. No había un solo día que no me sintiera arrepentida, que no llorara. Le pedí perdón a Dios muchas veces, empecé a leer la Biblia en busca de respuestas, iba a Misa, pero no me animaba a confesarme porque pensaba que no me perdonarían.
4 Mar 2015
Misericordia para sanar las heridas del aborto
Por Carme Munté / Samuel Gutiérrez
Barcelona
 
Como enfermera en la maternidad de un hospital público de Cataluña. A sus 24 años, era la alegría de aquel centro, jovial y dicharachera, encantada con su profesión, que por aquellos tiempos todavía no contaba con los avances actuales. Escuchábamos a los bebés con "trompetas"... -explica- Era el momento de descubrir la vida y yo descubrí muchísimas. Era muy feliz ejerciendo mi profesión. En aquellos tiempos participé en unos 2.000 nacimientos." 
 
La alegría de A.D. se transformó en profunda tristeza una fría mañana del mes de enero. El director del centro le pidió que le preparara el quirófano, pero no el instrumental. Ella obedeció sin hacerse más preguntas... Al rato se asomó al quirófano para ver si necesitaba algo y lo que contempló le horrorizó: "Una mujer en la mesa de partos, cubierta totalmente con tallas verdes, el médico revestido y nadie más... Vi el quirófano y el gesto del médico reventando la cabeza de un bebé, que, por lo que sé ahora, pesaría quilo y medio. Vi moverse el bracito de la criatura, los pies... y sigo viéndolo todavía con una gran angustia y dolor." 
 
Pese al shock que provocó aquella experiencia en la joven enfermera y al cambio sustancial en su estado de ánimo, A.D. tuvo bloqueados estos recuerdos. Cada vez, sin embargo, que salía el tema del aborto, entraba en crisis y no podía evitar las lágrimas y la ansiedad. Como compensación, aunque esto lo ha sabido más tarde, se volcó por completo en su trabajo. Su afán era salvar bebés: "Una vida dedicada a la vida." Pero nunca volvió a ser la misma. 
 
Una vida dedicada a la vida
Ley del aborto Más de 30 años después de acontecidos los hechos, durante el debate público sobre la ley del aborto del gobierno socialista, aprobada en 2010, despertó de nuevo con gran virulencia en A.D. el recuerdo, no borrado, de la experiencia vivida. "Era un tema que tenía bloqueado, cerrado a cal y canto, hasta que el debate de la ley Aído provocó que se removiera todo de nuevo -constata con lágrimas en los ojos-. Se me desencadenó una situación psicológica insoportable..." Durante aquellos años, movida por el deseo de ayudar a las madres embarazadas, había entrado en contacto puntual con Pro-Vida. 
 
En 2009 participó en Zaragoza en uno de sus congresos nacionales (1) y expuso por primera vez en público lo que le había pasado. Algunos de los participantes en el congreso hablaron con ella. Le dijeron que tenía todos los síntomas de un síndrome postaborto y le animaron a buscar ayuda psicológica. El médico de cabecera la derivó a una psiquiatra que no la creyó... Casi la tomó por mentirosa, aunque le ofreció medicación para calmar la ansiedad. A.D. no aceptó y fue derivada a una psicóloga, también de la Seguridad Social, que le ayudó mucho, pero hasta un cierto límite: "Llegó un punto en que, para acabar la terapia, querían que cambiara la percepción y que no viera aquello como algo malo..." 
 
Precisamente, uno de los grandes dramas hoy es que los problemas de las personas que sufren las consecuencias del aborto no son reconocidos como tales y eso impide curar sus heridas. "Total, sólo eran cuatro células", dirán muchos. Lo que no saben es que una experiencia así marca para toda la vida. Las madres llevan a sus hijos en el corazón y quieren saber dónde están... Las consecuencias, además, no sólo les alcanzan a ellas sino a todas las personas que, de un modo u otro, han estado alrededor del aborto. Tras años de angustia solapada y pese a no haber llegado hasta el final en la terapia, el paso por la psicóloga dejó a A.D. más tranquila. Podía hablar del tema y la angustia había menguado. Quedaba, sin embargo, pendiente la sanación completa.
 
Proyecto Raquel de Barcelona 
La ayuda la encontró hace pocos meses en el Proyecto Raquel de Barcelona, una iniciativa de carácter diocesano que ofrece orientación y ayuda a las personas que sufren las consecuencias del aborto: "Allí empecé a tener presente a aquella mujer del quirófano, que no sé quién es y a la que nunca he culpabilizado, pues siempre la he considerado una víctima, y también al médico, al que nunca había podido perdonar..." A.D. inició un proceso de sanación personal que ha acabado dándole una paz que ni sospechaba: "Sigo llorando, pero lo hago con paz." Tomar conciencia del perdón y la misericordia de Dios le ha ayudado a curar las heridas de una experiencia en la que no participó directamente, pero que le dejó graves secuelas. "He ido mejorando poco a poco -acaba diciendo- y ahora me estoy capacitando para ayudar también a otras personas en circunstancias parecidas. Estoy aprendiendo cómo acercarme y consolar... Soy consciente del dolor, del sufrimiento, de la impotencia, de las consecuencias del aborto, porque lo he vivido. Sé lo que están pasando, pero al mismo tiempo soy un buen testimonio de que esa herida puede ser sanada." 
Notas
(1) IV Congreso Internacional por la Vida donde estuvo nuestra querida Magaly Llaguno y fue distiguida con el premio Humanidad   
31 Ene 2015
Hablas con alguien que ha matado a muchos

Dr. John Bruchalski (Washington DC)

El Doctor Bruchalski empezó a practicar abortos en cuanto terminó la carrera de Medicina. Estaba convencido de que así ayudaría a las personas. Pero comprobó que no era cierto.
 
“Crecían las infecciones, las depresiones, las familias rotas… Me pregunté qué fallaba, por qué el medicamento más recetado en el mundo son los antidepresivos.”
 
Dos experiencias místicas seguidas, por sorpresa, le pusieron frente a una mujer que se presentó como la Madre de todos los hombres: “¿Por qué estás hiriéndome, John?”
 
“Dejé de practicar abortos inmediatamente y comencé a trabajar para personas sin recursos. Trato de ayudarles a ser más sanos, más felices y más santos, respetando la dignidad del ser humano.”
 
Leído en Rosas para al Gospa Original en Maryslandmovie
 
Dr. John Bruchalski (Washington DC)
31 Ago 2014

“Perdoné a la persona que me violó. Se puede. He estado toda la vida luchando por tratar de perdonarme a mí misma… No tenemos derecho a privar, a quitar la vida a un ser inocente…. Yo lo digo ahora: esto me entristece, pero no estoy deprimida. Yo soy feliz. Yo tengo el gozo del Señor en mi corazón”

 (Camino católico) Gloria Castro fue violada por un familiar a los 12 años. Quedó embarazada y fue obligada a abortar por sus padres. Hoy, más de 40 años después, cuenta su testimonio y reconoce que el trauma del abuso puede ser superado pero el del “aborto marca toda la vida”.

Páginas

Suscribirse a RSS - Testimonio