9 Dic 2013

Testimonio de Judith

Enviado por Galsuinda

“Judit”, como dijo llamarse, asegura que la presión del entorno para que abortara, era cada vez más grande, “y yo me dejé convencer. Mi amigo me acompañó hasta el médico y después de algunos días decidí hacer el aborto en una clínica privada. El día que se llevó a cabo es como una quemadura: no se perdió la cicatriz.

6 Dic 2013
Los abortorios no están para disuadir a la mujer o ayudarle a decidir qué es lo que más le conviene: son industrias montadas para el negocio del aborto
 
Una mujer embarazada, si llega a plantearse lo que supone acabar con la vida de su hijo, sufre y padece una gran tristeza y una honda depresión. Ella es consciente que lleva en su seno materno un bebé que vive y al que desea ponerle nombre. Intuye el silencio al que se verá sometida si llega a abortar y sabe que será una terrible pena y la mayor de las soledades que tendrá que vivir ella sola.
 
Sin embargo, en su sin salida busca una clínica abortiva con la intención de ser informada de las ventajas e inconvenientes que le supondrá tener que enfrentarse a un aborto Se le recibe, se le toman los datos y se le anima a quitarse el problema, si es que le causa angustia, pero además se le informa que en media hora estará libre y la mujer no le da tiempo a reaccionar, accede y le practican el aborto paga la minuta y se va.
3 Dic 2013

 
Tras su exitoso paso, hace ya unos cinco años, por las pasarelas europeas y diversas producciones para la televisión, Amada Rosa Pérez, desapareció de la escena pública sin dejar rastro alguno. Hace poco ha vuelto, pero esta vez no para deslumbrar a hombres y mujeres con sus atributos físicos y su encanto personal sino para dar testimonio de su conversión después de haber abortado e intentado suicidarse 
 
RL Amada Rosa Pérez llegó a ser una de las modelos de pasarela más cotizadas del país pero hace cinco años desapareció de la escena pública sin dejar rastro. Hace unas semanas volvió a ser noticia al compartir su testimonio de conversión en una entrevista concedida al diario El Tiempo. Amada confesó que padeció una enfermedad que le quitó el 40 por ciento de la audición en el oído izquierdo y empezó a cuestionar toda su vida. «Me sentía inconforme, insatisfecha, sin rumbo, sumergida en satisfacciones pasajeras, pero siempre buscaba respuestas y el mundo jamás me las dio», indicó.
17 Nov 2013

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17 Oct 2013
El 16 de octubre, en la Universidad Francisco de Vitoria tuvo lugar la presentación del libro de la profesora María Lacalle “En defensa de la vida humana”  que recoge 50 preguntas sobre el aborto publicado por la editorial de la Conferencia Episcopal Española EDICE. El acto fue presidido por Mons. Juan Antonio Reig y el Rector de dicha Universidad.
 
Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares y Presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, intervino al inicio del acto de presentación con las siguientes palabras:
 
Es necesario cambiar de rumbo
1. El carácter sagrado de la vida humana
         Aprovechando el contexto, como dice el Papa Francisco, de la anunciada nueva ley sobre el aborto prometida por el partido que sustenta el Gobierno de la Nación, quiero sumarme a la voz de la profesora María Lacalle en defensa de la dignidad y el respeto que merece toda vida humana. Más que la reforma anunciada de la ley del aborto, a mi parecer, esta ley debería haber sido derogada inmediatamente. Son muchas las razones para su abolición. Además de la razón principal que es la permisión de la muerte de un ser inocente, la ley actual consagra como justicia un inexistente “derecho” a provocarle la muerte. El hijo no nacido (el embrión o el feto) en ningún caso es un agresor; es un ser humano inocente que merece acogida, respeto y cuidado amoroso. No hacerlo así es socavar los fundamentos de la civilización, o lo que es lo mismo, entronizar un concepto despótico de libertad ? una guerra de los poderosos contra los débiles (Juan Pablo II, Evangelium vitae, 12) ?, o transformar el Estado de derecho en una democracia totalitaria (Cf. EV 20). La vida humana es sagrada y está custodiada por el mandamiento ¡No matarás! El aborto voluntariamente provocado, como enseña el Concilio Vaticano II (Gaudium et spes, nº 51), es un crimen abominable.
12 Oct 2013
Abortar deja una huella imborrable. Ella lo enfrentó y hoy es activista de la campaña No Más Silencio, que ayuda a mujeres que padecen el síndrome post aborto en Estados Unidos.
 
Corría el año 1975 cuando Edith Ugarte, nicaragüense, de la localidad de Corinto, cursaba su último año de universidad. Ejercía como profesora en uno de los colegios católicos más importantes del país. A los 23 años, traicionó su fe y decidió abortar, cayendo a un infierno del que le costó levantarse por más de una década.
 
Era católica, pero atrapada en un conjunto de contradicciones, faltas de comunicación, terminó por aceptar tras cuatro años de relación, las presiones de su novio. No imaginó que aquel encuentro sexual vivido como un “acto de amor” traería una historia llena de sufrimiento.
 
La ‘otra’ opción
 
El miedo al qué dirán y en especial a la condena de su madre, le hicieron aceptar la otra opción que proponía su novio. “Fue algo que me chocó, porque no se mencionó la palabra aborto, pero era eso lo que estaba detrás. Pensé que era la única en Iberoamérica que enfrentaba algo así en aquella época. Mi novio me entregó el dinero para evitar tener que recurrir a mi familia. Pero la verdad, es que cuando te apartas de la mirada de Dios, ya estás en las manos del enemigo completamente”.
 
Aún sabiendo que en Nicaragua estaba violando la ley y arriesgaba penas de cárcel, encontró una clínica clandestina para ejecutar lo acordado con su novio. “Hace treinta años, todo doctor que quería ser bien conocido y tener una buena clientela, montaba clínicas muy buenas y en ellas practicaban los abortos”. 
 
Las huellas psicológicas en quienes abortan son imborrables. Edith aún tiene vívido lo ocurrido en aquel lugar… “Ya tenía cinco semanas de gestación y el galeno fríamente me advirtió que no preguntara sobre nada. No quería saber siquiera de dónde venía”. 
 
Al momento de acomodarse en la camilla - y se emociona al recordarlo-  como un flash que se dispara, vio ante sí los grandes hitos de su vida. Casi como un grito venido desde el cielo, se vio rezando el rosario, realizando adoración eucarística, que tanto le apasionaba cuando niña y mucho más. Pero cerró sus ojos. Luego, aunque estaba adormecida por la anestesia, entre sueños escuchó sollozos. “Creo que era mi inconsciente quien me hablaba, no lo sé… me pedía que no lo sacara”. A las pocas horas, confiesa, tendría la certeza espiritual que ese clamor era la voz del Espíritu Santo en su alma. 
 
Sanarse puede llevar años
 
Las horas siguientes transcurrieron a toda velocidad. No soportaba la angustia y la cárcel o enfrentar a sus padres era lo que menos le importaba. La certeza de pecado ocupaba en su vientre el espacio del hijo que había asesinado y supo que solo tenía un lugar donde ir. “Corrí a confesarme. Como muchacha de Iglesia, que conocía al Señor y había gustado una linda relación con el Espíritu Santo, sentía que lo había traicionado. Jugué a ser Dios, jugué con su amor. Estaba clara que Él me iba a perdonar, pero lo puse por debajo de mis miedos a la condena de mi madre y a las exigencias de mi novio”.
 
A pesar de su sincero arrepentimiento, la culpa la perseguía. “Me confesaba muchas veces contando la misma historia una y otra vez, pero no recibía el perdón de Dios. A pesar de todo lo que había vivido, seguía jugando a ser Dios, porque yo no me perdonaba”.
 
11 Oct 2013

Mientras Carlo Bellieni se cuestionó sobre el sufrimiento de las mujeres después de un aborto (ver Gènéthique Boletín Mensual - Septiembre de 2013), ¿qué ocurre con el feto? Un artículo publicado en NYTimes.com mediados de septiembre, informó la Cámara de Representantes de los Estados Unidos había aprobado un proyecto de ley que busca extender la prohibición del aborto más allá de 20 semanas en vigor en doce estados por la razón de que más allá de esta fecha, el feto siente dolor. ¿Esto quiere decir que por debajo de 20 semanas, el feto no siente nada? Profesor Emmanuel Sapin (1) arroja luz sobre el tema.

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