1 Mayo 2014
Mes de Mayo
 
Lunes 5:  José Antonio de Santiago García, "Teología del Cuerpo"
 
Martes 6:  "El Síndrome Post Aborto", con María José Mansilla (Proyecto Raquel)
 
Miércoles 7: "El Matrimonio: Aspectos pastorales y jurídicos", mesa redonda con Antonio Pérez Pos (auditor de la vicaría judicial de la diócesis de Santiago), Pedro Mendoza Busto (director del Centro de Orientación Integral a la Familia en A Coruña) y Luis Manuel García Bernadal (director del Centro de Orientación Familiar de la diócesis de Santiago)
 
Los tres días a las ocho de la tarde, con acceso libre, en el Aula Magna del ITC, en san Martín Pinario.
 
Pl. Inmaculada, 5, 15704 Santiago de Compostela
Contacto: 981 58 62 77
3 Abr 2014
Entregar mi niño a Cristo ha sido lo más grande.
 
«No me podía imaginar que por un dolor se pudiera dar gracias a Dios y celebrar la Eucaristía. Poder entregar mi niño a Jesucristo es lo más grande que me ha pasado». La carta de agradecimiento que reproducimos en esta página muestra a la perfección lo que significa Proyecto Raquel para las personas que sufren tras un aborto: no se trata sólo de la necesaria sanación psicológica, sino de un proceso integral de reconciliación con Dios, con el hijo perdido y con todas las personas implicadas en el aborto.
 
Queridísima: Quiero empezar dando muchísimas gracias a Dios por habernos puesto en el camino, por haberte conocido y encontrado. Y por haber puesto en mi vida el Proyecto Raquel, que tanto bien me ha hecho al liberarme del dolor y el sufrimiento tan grandes que tenía, y que me hacían incapaz de caminar.
 
Han pasado ya unos meses desde que, por la gracia de Dios, llegamos al Centro de Orientación Familiar (COF) de Valladolid, enviados por la parroquia, para aprender los métodos naturales [de reconocimiento de la fertilidad]. Fue en el COF donde saliste a nuestro encuentro. En una de las sesiones, al expresar también dificultades en la relación sexual, me preguntaste si había tenido algún otro embarazo. Te conté que, en 2007, tuve un aborto voluntario. Entonces me hablaste de Proyecto Raquel, de su significado y su fin. Me invitaste a hacerlo. Yo confié en ti, me puse en tus manos, y empezamos, sesión a sesión.
 
La primera sesión me resultó muy dura, porque hacía años que no hablaba del aborto. Lo tenía oculto, escondido. Pensé que, con los años, todo se pasaría. El hablar de ello me dolía, y me resultó muy duro volver a recodar todo lo sucedido. Cuando acabó la sesión, salí asustada y con ganas de no volver. Pero me acuerdo de que, antes de empezar, me habías ofrecido rezar una oración conjunta. Y, al finalizar, rezamos el Ángelus con dos compañeras tuyas. La oración me dio una fuerza muy grande, la estuve repitiendo día tras día, para poder volver a la siguiente sesión. Gracias a Dios, pude.
 
Me dolía, pero me liberaba.
 
Las siguientes sesiones también fueron muy duras, porque estaba recordando todo mi pasado, y había muchas cosas de él que no me gustaban. Me dolía mucho hablar de todo ello. Pero, a la vez, me hacía sentir muy bien. Me parecía que me estaba liberando de una carga muy grande, que he llevado dentro de mí durante muchos años.
 
Hubo una sesión que me marcó muchísimo: la sexta, cuando estuve leyendo ante el Santísimo unas cartas a todas aquellas personas que formaron parte de la decisión de no seguir adelante con el embarazo. Me acuerdo de que, a la vez que las leía, rezábamos juntas por todas esas personas al Santísimo, que teníamos expuesto ante nosotras. Era algo increíble lo que estaba viviendo. Y tú estabas a mi lado. Quiero darte las gracias, porque en todo momento me has acompañado y me has arropado. Gracias, porque has sido como una madre para mí.
 
Cuando salí del santuario de la Gran Promesa después de esta sesión, me parecía que estaba flotando porque, a pesar del dolor que sentía, el Señor Jesús en su infinita misericordia me había dado la gracia de sacar todo lo que había dentro de mí: resentimiento, rencor, ira..., que había ido guardando tantos años; y me había concedido el don de perdonar a todas esas personas y ofrecérselo todo al Santísimo. Me sentí libre, como si me hubiese quitado una mochila que pesaba muchísimo y que me había hecho mucho daño durante años.
 
La misma alegría que con mi hija
 
Las siguientes sesiones fueron más suaves, hasta que llegamos a la de la celebración de la Eucaristía en acción de gracias por mi hijo, y a la preparación de la canastilla. Fue algo precioso. No me podía imaginar todo esto, que por un dolor se pudiera dar gracias a Dios y celebrar la Eucaristía. Fue una Misa preciosa, de las más bonitas que he vivido en mi vida. Poder entregar mi niño a Jesucristo es lo más grande que me ha pasado, y sentí una liberación grandísima.
30 Mar 2014

Meg Pérez tenía 18 años cuando se quedó embarazada por primera vez de manera imprevista. Vivía lejos de la casa paterna al conocer su estado, y como joven católica y provida sabía que el aborto no era opción. Así que regresó con sus padres para continuar la gestación con su ayuda.
No considerándose en circunstancias de criar a su hijo, encontró un abogado católico especializado en adopciones que encontró un matrimonio católico que no podía tener hijos y se comprometió a educar en el seno de la Iglesia al pequeño que naciera.
Para ella fue muy difícil tomar la decisión dar a su hijo en adopción: "Realmente quería quedármelo, pero en lo profundo de mi corazón sabía que no podía ser una buena madre para él a mi edad. Tendría que depender de mis padres, los problemas me superaban. Le amaba más de lo que me amaba a mí misma, y justo en eso consiste la adopción".
Lo vivió, por tanto, como un sacrificio que hacía por su hijo, para darle a través de esa familia, que era perfecta para él, lo que ella no podía darle.

Dando tumbos
Meg, sin embargo, decidió no tener más hijos. Continuó con su trabajo y siguió yendo a misa los domingos, pero según su testimonio, recogido en LifeActionNews, "no llevaba la vida que Dios quería" para ella. Apagó sus penas en alcohol y perdió muchos años sin dirección alguna en su existencia. Cuando, a través de su abogado, quiso contactar con la familia adoptiva de su hijo, éstos se negaron.
"Fue muy doloroso para mí", recuerda: "Eso alimentó mi ira y continué dando tumbos durante años. Padecí un trastorno alimentario. Mi familia era muy piadosa y los fundamentos de mi fe eran fuertes, pero en verdad sufría tremendamente con la situación. No era algo malo, porque era un dolor redentor. Cuando eres una joven con un agujero en el corazón, es muy difícil llenarlo".

Matrimonio, y madre al fin
Con el tiempo logró un puesto como presentadora de informativos de televisión y se casó. Durante su matrimonio sufrió cuatro abortos naturales, uno de ellos con gemelos. Ahora sí quería niños, y finalmente su marido y ella tuvieron un  hijo.

27 Mar 2014

Reunión de capacitación de consejeros de Proyecto Raquel, organizada por Spei Mater

Que todas las parroquias estén comprometidas con la defensa de la vida, y puedan acoger a las personas con dificultades en este ámbito es el objetivo de Parroquias por la vida, la iniciativa más joven de Spei Mater. La parroquia de la Santa Cruz, de Coslada, se está preparando para ser la parroquia piloto de este proyecto. El año pasado, un pequeño grupo de agentes de pastoral participó en las primeras reuniones de formación y, este curso, cuatro de ellos están haciendo o van a hacer el curso de formación on-line. Entre ellos está doña María Tobes, una consagrada que está convencida de que «la defensa de la vida tiene que estar en los núcleos de la Iglesia, que son las parroquias; igual que Cáritas».
 
María explica que el objetivo de esta iniciativa es, «sobre todo, abrir las conciencias de la gente a la verdad». Gira en torno a dos ejes. El primero es la oración: en su parroquia, ya se pide por la vida cada día en el Rosario y la Misa, y quieren crear momentos de oración específicos. El segundo eje es la formación: «Tenemos que formarnos nosotros, para hacer llegar a esta formación al resto de personas de la parroquia», a las que les resulta más difícil acceder a ella. Este aspecto fue el que, en un primer momento, llamó más su atención. «Me daba cuenta de que, cuando hablaba con personas que no comparten la enseñanza de la Iglesia, no siempre sabía darles respuestas. Además, en la sociedad hay otras ideas, que van calando en nosotros».
 
¿Te imaginas...?
Sin embargo, ha recibido mucho más. «En una de las primeras reuniones, nos hablaron sobre la dignidad de la persona, con preguntas básicas que nunca me había planteado. No se trataba ya sólo del aborto o la eutanasia, sino de la dignidad de la persona con la que te encuentras día a día, de la cajera del supermercado. Tratándola de forma coherente con esa dignidad, ya estás abriéndote a la vida. No se trata sólo de que yo vaya a manifestaciones, sino que en mi vida cotidiana manifieste lo que creo. Lucho por el bebé en el seno de su madre, por el anciano o el deficiente, pero también por el vecino, por el que pide en la calle...»
12 Mar 2014
Puede que ni lo sepan, que estén atados de pies y manos, que sean los inductores... pero los hombres también sufren las consecuencias de un aborto provocado
 
Cada año desde 1974 se celebra en Washington la “Marcha por la vida”, un acto reivindicativo en el que se pide la revocación de la ley Roe vs. Wade, por la que se legalizó el aborto en Estados Unidos en 1973.
 
Desde no hace mucho tiempo, Chris Aubert participa en esa marcha o en la marcha que se hace en su localidad. Lo hace consciente de lo que vale una vida después de darse cuenta de que, en lugar de los cinco hijos que le hacen inmensamente feliz, esa cifra podría ser de siete.
 
En 1985, su por entonces novia le dijo que estaba embarazada y que iba a abortar. Él le dio 200 dólares y se marchó a ver un partido de béisbol. En 1991, la historia se repitió con otra novia.
 
“Era totalmente irrelevante para mí”, cuenta en su blog. Él creía que aquello no repercutiría en su vida, pero, un día, en la consulta del ginecólogo, viendo, con su actual esposa, una ecografía de uno de sus hijos –esta vez sí deseado–, sintió una punzada en el pecho, un arrepentimiento profundo por lo que había hecho. “Si pudiera volver atrás, salvaría a esos niños”, confiesa; “hay una mancha que no se irá de mi alma”.
 
Sobreproteger o destruir
 
Vicky Thorn es activista provida desde antes de que existiera el movimiento como tal. Es la fundadora del Proyecto Raquel, que ayuda a las mujeres tras un aborto provocado. También a los hombres, aunque asegura a la revista Misión que las secuelas de esta práctica en ellos son aún “un tabú, porque se considera al aborto como un asunto de mujeres”.
7 Mar 2014

Cuando Ania1 descubrió que estaba embarazada, quedó con su novio para ver qué hacían, pero él ya lo tenía todo calculado: había pedido cita al día siguiente en un centro abortista. «Yo no quería hacerlo, era mi hijo -recuerda-. Pero no sabía qué podía hacer, y no era capaz de decirle que no». Su testimonio se parece al de muchas mujeres: el supuesto derecho al aborto no es más que el pretexto en el que se amparan las personas que las presionan para acabar con sus hijos. Después de la muerte de su hijo, quienes se han preocupado por ayudarle de verdad. 

Estaba lejos de casa, en un viaje de trabajo, cuando me hice la prueba de embarazo. Al ver que salía positivo, empecé a temblar. No sabía si llamar al chico con el que estaba saliendo para decírselo, o esperar a volver. Al final le llamé, y él se quedó sin palabras. Solo me dijo que nos viéramos cuando llegara a casa.

Quedamos el mismo día en que volví a mi ciudad, pero él había cambiado. Estaba muy nervioso, fumaba un montón. Cuando nos pusimos a hablar, lo que me dijo fue: No te quiero, y he hablado con mi abogada para que hagamos un aborto. Ya había pedido fecha y hora en una clínica, para el día siguiente. Al oír esas palabras tan frías me eché a llorar. Le dije que no quería hacerlo, que era mi hijo. Pero no sabía qué podía hacer yo, pensando en mi situación. 

No podía acudir a mi familia, porque tenía una relación muy mala con mis padres; no me iban a dejar quedarme en casa. En ese breve espacio de tiempo, se me pasaron mil cosas por la cabeza. Te entra miedo, no sabes qué hacer ni cómo reaccionar. Al final, le dije que si realmente quería hacer eso, lo organizara todo él, porque yo no podía. 

O firmas o te largas

La noche anterior al aborto fue la más larga de mi vida. Tenía muchísimo miedo, me sentía muy sola, y no podía contarle a nadie lo que me estaba pasando. Pero no era capaz de decirle que no. Cuando llegó el día, comencé a llorar durante el camino hacia el centro abortista, y ya apenas paré durante el proceso. Lo recuerdo con todo lujo de detalles: pasamos a la sala de espera. Yo estaba temblando de miedo. No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero ya no me podía echar atrás. En la sala había más chicas, y una me impresionó mucho porque tenía bastante barriguita. Yo sabía que dentro había una persona, y que esa chica había venido a lo mismo que yo.

El siguiente paso fue la consulta del médico, me hizo sentar para hacerme una ecografía. Lo hizo sin ninguna delicadeza. Grapó la foto en la hoja donde yo tenía que firmar y al verla me puse otra vez a llorar. Estaba viendo a mi bebé. El médico me dijo: O firmas, o te largas. Era extremadamente frío, su cara no expresaba ningún sentimiento. Ni leí el papel, pero mientras lo firmaba pensaba Dios mío, qué estoy haciendo, por qué lo estoy haciendo».

Solo quería quitarse al hijo de encima

Una enfermera me hizo pasar a otra habitación y me dijo que me tranquilizara, que no me iba a doler. Allí me quité la ropa, me puso el camisón de hospital, y me llevaron a la sala de abortos. Solo me había quedado con la cruz de la Primera Comunión. La cogí, le pedí perdón al Señor, le dije que tuviera compasión de mí. Así, con la cruz en la mano, me quedé dormida. 

Me desperté en la habitación donde me había cambiado de ropa. Al saber que ya lo habían hecho, mi llanto fue desgarrador. Y lo peor de todo es que, mientras yo estaba así, mi novio estaba hablando por el móvil, como si fuera algo normal. Tenía todo tan controlado… que me pregunto si quizá no era su primera vez. Después de salir del centro abortista, desapareció y no lo volví a ver. No le importó cómo me sentía, sólo quitarse al hijo de encima. Un día, me lo encontré, y me trató como si no hubiera pasado nada». 

Una religiosa lloraba conmigo

 

Ya sola, empecé a caminar por las calles como una zombie. No pensaba, no sentía nada. Sólo andaba. No era capaz ni de llegar a mi casa. Terminé yendo a un convento, donde conocía a la superiora. Me abracé a ella llorando, y le conté que acababa de abortar. Ella lloraba conmigo, y me dijo que sentía mi dolor, que Jesús me amaba y estaba conmigo. Cuando me tranquilicé, me explicó que tenía que confesarme en la catedral, porque el aborto era un pecado muy grave. Ella misma me acompañó al día siguiente.

Desgraciadamente, no encontré el consuelo que estaba buscando. El sacerdote no me dijo nada que me diese fuerzas o me inspirara, sólo “Reza esta oración, ya estás perdonada”. Pensé: ¿Para eso he tenido que venir a la catedral? Aunque sabía que Dios me había perdonado, conmigo misma no estaba bien. 

Durante cuatro años, lo que hice fue intentar no pensar en el tema. Lo tapaba con otras cosas: con un montón de trabajo, con el alcohol, teniendo relaciones con chicos… Si veía un bebé me lo recordaba por un momento, pero enseguida desconectaba.

Ante la Virgen embarazada

5 Mar 2014
«Hoy quiero hablaros del Proyecto Raquel. Dicho proyecto surgió en los Estados Unidos hace más de veinte años y actualmente está implantado en la mayoría de las diócesis americanas, así como en otros países de los cinco continentes.
 
En España se encuentra en más de veinte ciudades. Se trata de un proyecto de acompañamiento a las personas que han abortado. Para más información, basta con entrar en www.proyecto-raquel.com 
 
Este Proyecto también se ha iniciado recientemente en nuestra diócesis de Terrassa. La propuesta fue acogida en seguida como la primera iniciativa pública del entonces naciente Centro de Orientación Familiar (COF) de Terrassa. A la charla informativa en enero del año pasado acudieron unas veinte personas.
 
La dieron María José Mansilla y el Padre Jesús Chavarría,  promotores del Proyecto Raquel en España. Ambos fueron una sorpresa para todos por su autenticidad, su entusiasmo, su pasión por la verdad. Cuando se hizo el curso de diez horas, las personas eran ya 30. En el mencionado curso no se daba la fe por supuesta, sino que se iba al fondo de lo que significa la gracia, el perdón, la misericordia; en definitiva –como quiere el Papa Francisco- se trataba de explicar qué es la Iglesia y quién es Jesús, el que nos salva, abrazándonos de uno en uno. Los 120.000 abortos que se realizan en España cada año son 120.000 dramas escondidos y censurados por una cierta “cultura de la muerte” dominante.
5 Mar 2014
 
La actriz australiana Charlotte Dawson, que se suicidó hace unos días en su casa, había reconocido en un libro autobiográfico, poco antes, que la profunda depresión que sufría estaba relacionada con haberse sometido a un aborto hacía 15 años
Interesante noticia que encontramos en Aciprensa, relatando las circunstancias que rodearon la muerte de la actriz Charlotte Dawson. Una historia que pone de manifiesto la importancia del síndrome post-aborto, sistemáticamente silenciado. En su libro autobiográfico “Air Kiss & Tell, Memoirs of a Blow-up Doll”, publicado en 2012, Charlotte relató las circunstancias que la llevaron al aborto, su sensación de abandono por parte de su entonces esposo, el nadador olímpico Scott Miller, y la profunda depresión a la que se vio arrastrada.
En su libro, la actriz recordó que ella “sabía que estaba embarazada; no necesité hacerme la prueba, yo podía sentirlo”.
“Era la más brillante pero terrible sensación y la prueba, como esperaba, lo confirmó”, dijo.
“Íbamos a tener un bebé. Yo iba a ser realmente una madre. Si hubo espacio para tener mariposas en mi estómago, me imagino que podía habérmelas arreglado para eso también”.
Sin embargo, recordó Charlotte, “sentí algo de duda en Scott. Mi fecha de parto chocaría con los Juegos Olímpicos de 2000m y esto era muy preocupante. Todo lo que Scott había hecho llevaba a este momento, y nada podía oponerse en su camino, así que decidimos que abortaríamos al niño y trataríamos de nuevo luego”.
Como un lamento, Charlotte escribió que “¿quién necesita un feto desarrollándose cuando se ofrecía una medalla de oro, eh?”.
“Por dentro yo estaba en un caos total. Quería el bebé. ¿Cuánto tendríamos que esperar? ¿había siquiera alguna garantía de que quedaría embarazada otra vez? Por supuesto, acepté sin cuestionar que las Olimpiadas eran la prioridad número uno de Scott”, tal como él y otras personas interesadas le dijeron.
Charlotte se encontró sola en la clínica donde se sometió al aborto, pues Scott, su esposo, “me acompañó a la clínica local, pero no pudo lidiar con la atmósfera, así que me dejó ahí sola”.
“Yo estaba luchando con la decisión e intentando no parecer emocional o angustiada al respecto, para que Scott pudiera mantener su enfoque. Estaba tratando de entrenarme a mí misma para pensar en mi bebé como un inconveniente, como un estornudo en una transmisión televisiva. Era difícil”.
Luego, recordó Charlotte, “tuve que reconciliarme con la responsabilidad personal de tener un aborto. ¿Debería sentir culpa y vergüenza? Estaba enfrentando mi idea de que la maternidad era un tiempo sencillo y feliz, especialmente para los recién casados”.

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