4 Jul 2015
Me animé a redactar este testimonio gracias a que encontré por fin el inicio de la paz y el perdón que tanto andaba buscando desde que, hace un año, opté por la decisión “más fácil”, “más cómoda”, la que “dañaría a menos personas”, y la que al mismo tiempo terminó dañando a la persona que más amé hasta el momento: mi propio hijo.
 
Hace un año mi novio y yo, que llevamos juntos 7 años, descubrimos que estábamos esperando un hijo. Esto pasó cuando yo no podía seguir tomando anticonceptivos por motivos de salud. Fue una noticia que me dejó sin aliento. Sentí que perdía el juicio, y no era porque era una adolescente de 15 o 20 años, ya tenía 26 y una carrera profesional concluida, al igual que él. Simplemente sentí que no podría con la responsabilidad, que no estaba preparada, que no podría darle todo lo que pensé darle a mi primer hijo. Ahora puedo resumirlo en puro egoísmo.
 
Una de las cosas que más me reprocho es que mi novio había aceptado con alegría la noticia y, al ver mi negativa, me propuso que lo tuviese y que después me olvidara de él, que él lo criaría. A eso yo le respondí: “si tengo este hijo, me perderás a mí, porque no lo voy a soportar. O me ayudas, o lo hago sola”. Y así, en cuestión de horas, terminó aceptando.
 
Buscar a alguien dispuesto a “ayudarme” no fue difícil. Yo me mostraba muy decidida, aunque en el fondo el miedo me dominaba, y aunque no quería aceptarlo, yo ya lo estaba amando así de chiquito, casi imperceptible como lo vimos en la ecografía. En fin, llegó el día y muy segura fui a la clínica y en cuestión de minutos acabaron no sólo con mi hijo, sino con una parte de mí.
 
Hoy puedo decirles que el dolor físico no es siquiera comparable con el dolor que sentía en el alma. En el instante que salí un terrible arrepentimiento me invadió porque se me abrieron los ojos: ¡había matado a mi propio hijo! Eso fue peor que arrancarme una pierna o un brazo.
Mi novio también experimentó el mismo arrepentimiento y desde entonces solo buscamos formas de evadir el dolor. Nos sumergimos en el trabajo, en la rutina, en las cosas materiales, pero nada hacía que el dolor realmente pasara o mejorara y que volviéramos a sentirnos en paz. No había un solo día que no me sintiera arrepentida, que no llorara. Le pedí perdón a Dios muchas veces, empecé a leer la Biblia en busca de respuestas, iba a Misa, pero no me animaba a confesarme porque pensaba que no me perdonarían.
23 Jun 2015
El síndrome post aborto golpea a muchas mujeres (y hombres). Pero es ignorado por los medios de comunicación porque “incomoda”. ¿Qué experimenta una mujer, una mamá en el momento del aborto? ¿Y sobre todo después? Les compartimos algunos testimonios sinceros y sufridos que hablan por sí solos. Contados en primera persona. Incluyen la invitación a hacer un camino de “sanación” (que no excluye a los hombres).
 
Historias de llanto y de dolor
1.- «Me llamo Serena y soy de Roma. Hace siete años conocí el infierno, por no haber sabido ser paciente; debía reflexionar y comprender lo que hubiera sido más correcto para mí y para mi hijo. En lugar de eso, me lancé sobre la opción más fácil. Cada instante revivo aquel de aquel maldito día con dolorosa lucidez y en cada ocasión el dolor se renueva, provocándome un dolor indescriptible. Yo, que soy considerada por todos como tierna, madura y sensible, he matado, porque de esto se trata, a mi niño. Yo, que lo debería haber protegido, he sido quien lo ha torturado».
 
2.- «Tengo 37 años y me llamo Lucía. Hace dos años con una enorme alegría estaba por ser mamá, pero mi compañero no estaba de acuerdo y se comportó en modo violento; tenía miedo y por eso decidí cambiar de ciudad para llevar adelante con serenidad el embarazo. Pero no fue suficiente: no me sentía segura y no tuve la valentía de proseguir la gestación. El trauma ha sido enorme. Se apagó la luz en mí y el sentido de culpa me comía viva. La depresión me impedía retomar mi vida; todo me parecía inútil, insignificante».
 
3.- «Cuando después del test me percaté de que estaba encinta, qué miedo, cuántos gritos, qué días de angustia! Tenía 18 años. Mis padres no tomaron bien la noticia y me dijeron que si no abortaba debía irme de casa. Tenía que decidir sola: nadie me habría dado hospedaje y mi novio había desaparecido. Deseaba tener a mi hijo, pero ¿cómo? Lloraba permanentemente. Después lo hice, aborté. Estuve muy mal: es una experiencia brutal que ha marcado mi vida y que no deseo a nadie».
 
4.- «En la sala de operaciones, antes del aborto, me daba vergüenza, me sentía violentada, golpeada en mi intimidad. Eran cinco a mi alrededor. Al despertar, estaba como paralizada: cuando me di cuenta de que no sería mamá, experimenté un tormento indescriptible. “No existe más! No existe más!”, gritaba desesperada dentro de mí. Desde ese momento comenzó mi calvario, hecho de remordimientos y de un sufrimiento que no se puede cancelar».
 
5.- «Me llamo Victoria. Era muy joven cuando quedé en cinta. No quería aquel embarazo, pero nadie intentó hacerme cambiar de opinión. ¿No era mi derecho? Hoy tengo 32 años, estoy casada y tengo dos niñas. Pero hoy en día mi pensamiento va frecuentemente a aquel niño, a aquel pequeñito, a Andrés, que no quise. Estoy segura de que si alguien me hubiera explicado, dicho o sólo preguntado si lo había pensado bien, hoy mi hijo tendría 13 años».
 
6.- «Siempre me había considerado como alguien que respeta la vida, pero las circunstancias me llevaron a ese infame gesto… El aborto voluntario tiene la capacidad de mandar todo a volar. Es como si te arrancaran alma y cuerpo, dejándote en pedazos. Sólo un poco después logré vencer mi orgullo para admitir que la mía había sido la peor decisión. No sólo porque el aborto es el homicidio voluntario de un hijo por parte de su madre, sino también porque los síntomas que se manifiestan después son tan graves y destructivos para el cuerpo y para la psique (como me sucedió a mí), que diría que hubiera sido mejor tener aquel niño».
 
«Hubiera sido mejor tener aquel hijo»
2 Jun 2015
ROMA, 01 Jun. 15 / 02:22 pm (ACI).- Zhang Xihuan no sabe lo que pasaba por su mente cuando bebió un sorbo de pesticida que tenía guardado en su casa en la provincia rural de Shandong (China). Tal vez pensaba en sus vecinos que la habían condenado al ostracismo cuando le fue diagnosticado hepatitis B; o tal vez en las horas dedicadas a ganarse la vida recogiendo el carbón que caía en la carretera.
En cualquier caso, cuando Xihuan se llevó a los labios la botella de pesticida en mayo de 2009, hacía lo mismo que innumerables mujeres chinas han hecho y seguirán haciendo: quitarse la vida antes que enfrentar la dura realidad de su sociedad; con la diferencia de que Xihuan sobrevivió para contar su historia a la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según esta organización de las Naciones Unidas, China concentra el 26 por ciento de los suicidios en todo el mundo. El suicidio es la quinta causa principal de muerte en el país y la tasa de suicidio en mujeres es de un 25 por ciento más que en los hombres. Las jóvenes de las zonas rurales son las más propensas a quitarse la vida, escogiendo mayormente el pesticida.
Las razones
La fundadora y presidenta de la organización Derechos de la Mujer Sin Fronteras, Reggie Littlejohn, dijo a ACI Prensa que además de la violencia doméstica y la discriminación, las mujeres en China están traumatizadas por la aplicación brutal de la política del único hijo del Partido Comunista, iniciada hace 35 años y que ha matado a entre 360 y 400 millones de no nacidos.
Littlejohn cree que el Partido Comunista de China está utilizando su política del único hijo como medio de control social "disfrazado de control de la población". "Diría sin duda alguna que (el PCCh) está manteniendo su control de poder por medio del derramamiento de sangre de mujeres y niños inocentes", denunció.
Advirtió que esta política también está rompiendo relaciones y la confianza en la sociedad china a través de su sistema de informantes pagados que denuncian a las mujeres embarazadas “ilegalmente” y a sus familias. La infraestructura de la Política de Planificación Familiar de China aniquila cualquier forma de disidencia en el país, señaló.
4 Mar 2015
Misericordia para sanar las heridas del aborto
Por Carme Munté / Samuel Gutiérrez
Barcelona
 
Como enfermera en la maternidad de un hospital público de Cataluña. A sus 24 años, era la alegría de aquel centro, jovial y dicharachera, encantada con su profesión, que por aquellos tiempos todavía no contaba con los avances actuales. Escuchábamos a los bebés con "trompetas"... -explica- Era el momento de descubrir la vida y yo descubrí muchísimas. Era muy feliz ejerciendo mi profesión. En aquellos tiempos participé en unos 2.000 nacimientos." 
 
La alegría de A.D. se transformó en profunda tristeza una fría mañana del mes de enero. El director del centro le pidió que le preparara el quirófano, pero no el instrumental. Ella obedeció sin hacerse más preguntas... Al rato se asomó al quirófano para ver si necesitaba algo y lo que contempló le horrorizó: "Una mujer en la mesa de partos, cubierta totalmente con tallas verdes, el médico revestido y nadie más... Vi el quirófano y el gesto del médico reventando la cabeza de un bebé, que, por lo que sé ahora, pesaría quilo y medio. Vi moverse el bracito de la criatura, los pies... y sigo viéndolo todavía con una gran angustia y dolor." 
 
Pese al shock que provocó aquella experiencia en la joven enfermera y al cambio sustancial en su estado de ánimo, A.D. tuvo bloqueados estos recuerdos. Cada vez, sin embargo, que salía el tema del aborto, entraba en crisis y no podía evitar las lágrimas y la ansiedad. Como compensación, aunque esto lo ha sabido más tarde, se volcó por completo en su trabajo. Su afán era salvar bebés: "Una vida dedicada a la vida." Pero nunca volvió a ser la misma. 
 
Una vida dedicada a la vida
Ley del aborto Más de 30 años después de acontecidos los hechos, durante el debate público sobre la ley del aborto del gobierno socialista, aprobada en 2010, despertó de nuevo con gran virulencia en A.D. el recuerdo, no borrado, de la experiencia vivida. "Era un tema que tenía bloqueado, cerrado a cal y canto, hasta que el debate de la ley Aído provocó que se removiera todo de nuevo -constata con lágrimas en los ojos-. Se me desencadenó una situación psicológica insoportable..." Durante aquellos años, movida por el deseo de ayudar a las madres embarazadas, había entrado en contacto puntual con Pro-Vida. 
 
En 2009 participó en Zaragoza en uno de sus congresos nacionales (1) y expuso por primera vez en público lo que le había pasado. Algunos de los participantes en el congreso hablaron con ella. Le dijeron que tenía todos los síntomas de un síndrome postaborto y le animaron a buscar ayuda psicológica. El médico de cabecera la derivó a una psiquiatra que no la creyó... Casi la tomó por mentirosa, aunque le ofreció medicación para calmar la ansiedad. A.D. no aceptó y fue derivada a una psicóloga, también de la Seguridad Social, que le ayudó mucho, pero hasta un cierto límite: "Llegó un punto en que, para acabar la terapia, querían que cambiara la percepción y que no viera aquello como algo malo..." 
 
Precisamente, uno de los grandes dramas hoy es que los problemas de las personas que sufren las consecuencias del aborto no son reconocidos como tales y eso impide curar sus heridas. "Total, sólo eran cuatro células", dirán muchos. Lo que no saben es que una experiencia así marca para toda la vida. Las madres llevan a sus hijos en el corazón y quieren saber dónde están... Las consecuencias, además, no sólo les alcanzan a ellas sino a todas las personas que, de un modo u otro, han estado alrededor del aborto. Tras años de angustia solapada y pese a no haber llegado hasta el final en la terapia, el paso por la psicóloga dejó a A.D. más tranquila. Podía hablar del tema y la angustia había menguado. Quedaba, sin embargo, pendiente la sanación completa.
 
Proyecto Raquel de Barcelona 
La ayuda la encontró hace pocos meses en el Proyecto Raquel de Barcelona, una iniciativa de carácter diocesano que ofrece orientación y ayuda a las personas que sufren las consecuencias del aborto: "Allí empecé a tener presente a aquella mujer del quirófano, que no sé quién es y a la que nunca he culpabilizado, pues siempre la he considerado una víctima, y también al médico, al que nunca había podido perdonar..." A.D. inició un proceso de sanación personal que ha acabado dándole una paz que ni sospechaba: "Sigo llorando, pero lo hago con paz." Tomar conciencia del perdón y la misericordia de Dios le ha ayudado a curar las heridas de una experiencia en la que no participó directamente, pero que le dejó graves secuelas. "He ido mejorando poco a poco -acaba diciendo- y ahora me estoy capacitando para ayudar también a otras personas en circunstancias parecidas. Estoy aprendiendo cómo acercarme y consolar... Soy consciente del dolor, del sufrimiento, de la impotencia, de las consecuencias del aborto, porque lo he vivido. Sé lo que están pasando, pero al mismo tiempo soy un buen testimonio de que esa herida puede ser sanada." 
Notas
(1) IV Congreso Internacional por la Vida donde estuvo nuestra querida Magaly Llaguno y fue distiguida con el premio Humanidad   
1 Mar 2015
 
El obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, miembro de la subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, ha publicado un mensaje dirigido a sus diocesanos animando a participar en la manifestación "Cada Vida Importa"  del 14 de marzo en Madrid y a participar en las actividades ligadas a la defensa y promoción de la vida y la infancia en Cuaresma, marcada por la fecha del 25 de marzo, día de la Vida o del Niño por Nacer en muchos países y fiesta de la Encarnación.
 
Reig Pla es el primer obispo español -y el único por ahora- en animar a participar en la manifestación del 14 de marzo. Por lo general, desde las grandes manifestaciones en defensa del matrimonio en 2005, los obispos españoles no suelen animar con escritos a sus diocesanos a participar en manifestaciones concretas, aunque a veces feliciten a quienes participen en ellas. 
 
El obispo recuerda además la Jornada por la vida con el lema «Hay mucha vida en cada vida»  y el programa de promoción de grupos provida en parroquias SpeiMater. Como un signo de compromiso con la infancia, la diócesis de Alcalá está fomentando también la devoción a sus santos patronos, los niños mártires Justo y Pastor, asesinados por las autoridades romanas en la antigua ciudad de Compluto.
 
Texto de la carta del obispo
 
Una cuaresma llena de vida
5 Feb 2015
Desde Proyecto Raquel de Barcelona nos comunican cómo han empezado el 2º curso de capacitación para Proyecto Raquel:
 
Los pasados días 16 y 17 de enero se celebró en los locales de la parroquia de Ntra. Sra. del Remei de Barcelona el comienzo del 2º Curso de Capacitación del Proyecto Raquel.
La finalidad del Proyecto Raquel es ofrecer a las personas implicadas en un aborto provocado una atención individualizada a través de una red diocesana de sacerdotes, consejeros, y psicólogos y psiquiatras. Esta atención individualizada supone acompañarlas en un proceso psicológico y espiritual de sanación y reconciliación.
El Curso de Capacitación del Proyecto Raquel que tiene como objetivo "conocer y entender cuál es la herida y el dolor psicológico y espiritual" por el que pasan aquellas personas que han sufrido un aborto provocado y aprender a "colaborar en su curación, cada uno desde su papel diferente y específico, acercando a la persona a la misericordia de Dios y a la reconciliación".
Asistieron 67 personas entre las cuales había sacerdotes, psicólogos y personas que quieren colaborar como consejeros.
Las charlas de iniciación las realizaron los directores de Spei Mater, sociedad pública de fieles quecomenzó en España el desarrollo del Proyecto Raquel, María José Mansilla, presidenta y el P. Jesús Chavarría, director espiritual.
Aprovechando la celebración del curso, personas de cinco diócesis catalanas se han unido al mismo: las diócesis de Terrassa y Barcelona, donde el Proyecto Raquel ya existe, y las diócesis de Sant Feliu, Solsona y Vic, en las cuales el Sr. Obispo ha aprobado su implantación.
Para completar la formación de las personas que desean incorporarse como consejeros  al Proyecto Raquel, el curso se irá completando,  en reuniones en cada una de sus diócesis, a lo largo de los próximos meses.
Proyecto Raquel Barcelona
Tel: 603462038
3 Feb 2015
La atención y asistencia a las personas que padecen el síndrome del post-aborto (SPA) es el objetivo fundacional del Proyecto Raquel que, con carácter inminente, pondrá en marcha el Centro de Orientación Familiar (COF) de la Archidiócesis tarraconense. Bajo el lema «Un aborto destruye dos vidas. Queremos ayudarte a recuperar una: la tuya», la iniciativa ha dado ya sus primeros pasos en Tarragona.
 
El síndrome post-aborto consiste en un conjunto de síntomas que experimenta la mujer que ha abortado voluntaria o espontáneamente. Para atender a quienes sufren las consecuencias psicológicas y somáticas de un aborto, el Centro de Orientación Familiar ha organizado unas jornadas de formación diocesana dirigidas a quienes deseen colaborar con el equipo del Proyecto Raquel. Las jornadas se celebrarán los días 6 y 7 de febrero en la Casa dels Concilis de Tarragona.
 
Una herida profunda
 
El Proyecto Raquel se estableció en 2010 en Alcalá de Henares y, actualmente, también presta servicio en Barcelona y Terrassa. Su implantación en la archidiócesis de Tarragona es fruto de la labor que desarrolla el Centro de Orientación Familiar cuyo consiliario, Mn. Raimon Mateu, ha manifestado que «el aborto siempre deja una herida muy profunda que afecta a la persona en todas sus dimensiones. Especialmente, es una herida espiritual que se manifiesta psicológica y físicamente y que, por lo tanto, requiere un proceso de sanación para superar aquel momento de dolor».
 
Mn. Raimon Mateu añade que el síndrome post-aborto puede afectar también al hombre, razón por la cual el Proyecto Raquel está destinado a acoger a todas aquellas personas que precisen de asistencia. «Basta una llamada telefónica para que todo un equipo de profesionales se ponga en marcha para atender a cualquier petición de ayuda. Nunca diremos no a nadie. El equipo profesional está formado por psicólogos, médicos, trabajadores sociales, sacerdotes... es decir, profesionales dispuestos a acudir en ayuda de quien la precise de una forma incondicional y confidencial».
Según los expertos, el dolor por el síndrome post-aborto incluye manifestaciones somáticas, como anorexia, palpitaciones o pérdida de peso, o alteraciones psicológicas como sentimiento de culpabilidad, desesperación, pesimismo, insomnio... «El Proyecto Raquel está pensado para acoger a personas con diferentes niveles de fe.
Hay quienes solicitan ayuda siendo agnósticos y acaban siendo creyentes porque descubren que la verdadera sanación sólo se consigue a través de la acción de Dios. Es en este aspecto en el que el papel del sacerdote es muy importante».
 
Importante labor del COF
 
El Proyecto Raquel es una faceta más de la labor que realiza el Centro de Orientación Familiar de la archidiócesis tarraconense. El Centro cuenta también con la Llar Natalis que acogerá a las madres gestantes que por su situación social o familiar se encuentran ante el peligro de padecer exclusión social con el riesgo añadido de la continuidad de la gestación. Se trata, por lo tanto, de dos actuaciones de trascendencia pastoral y social que la Iglesia diocesana pone al servicio de la sociedad.
Las jornadas de formación diocesana del Proyecto Raquel abordarán la dimensión espiritual del síndrome post-aborto y el proceso de curación. Las personas interesadas en asistir a las jornadas pueden dirigirse a pastoral.familiar@arquebisbattarragona.cat .
 
Bastará una llamada de teléfono – el 677 310 563 - para que todo el equipo del «Proyecto Raquel» se movilice para atender cualquier petición de ayuda, venga de donde venga, con el fin de superar una situación de dolor y recuperar la sanación perdida.
 
Publicado en Diari de Tarragona 31/01/2015

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