26 Nov 2011

El aborto involuntario es la pérdida de un niño “real” y requiere compasión

Enviado por Anawin

24 de noviembre 2011 (Notifam) – La herida la provocan personas bien intencionadas. “Bueno, no iba a llegar muy lejos”. “Siempre puedes tener otro hijo”. “Muchas personas pasan por esto”.

El aborto involuntario es una tragedia que muchas personas malinterpretan. No están suficientemente seguras sobre la forma en que pueden consolar a un amigo o familiar que ha sufrido esta pérdida.

Si bien no hay fórmulas mágicas, hay una verdad fundamental que debe permanecer en primer plano: un aborto involuntario es la pérdida de un niño que es tan real y tiene tanto valor como cualquier otro niño de cualquier edad. Una mujer que sufre un aborto involuntario es una madre que ha perdido a un hijo, al igual que el padre del niño también.

En una sociedad que sigue teniendo un lado ciego legal y cultural para los no nacidos, muchos padecen de una ilusoria que el aborto involuntario no entristece a un padre tanto como la pérdida de un “niño de verdad”. Y eso es precisamente lo que lastima tanto. Nunca podemos consolar a alguien en el dolor si damos a entender, aunque sea remotamente, que la persona que ellos perdieron no lo era realmente.

El doctor Byron Calhoun, Presidente de la Asociación Americana de los Obstetras y Ginecólogos Pro-Vida (American Association of Pro-Life Obstetricians and Gynecologists/AAPLOG) en los Estados Unidos de América, ha señalado que, antes de 1970, la pérdida de un hijo antes o durante el parto era tratado a menudo en la literatura médica como un “no evento”, pero que ahora hay una creciente conciencia de la tristeza asociada con tal pérdida. De hecho, el Dr. Calhoun ha desarrollado un programa hospitalario para los niños por nacer.

A medida que avanza la comunidad médica en la sensibilidad y la comprensión de estos puntos, todos debemos hacerlo. Nuestro amor, nuestra compasión, nuestra participación en el dolor de esas pérdidas, puede proporcionar sanación a los padres que han sufrido un aborto involuntario. Nombrar a estos niños que han muerto es una forma significativa de reconocer su realidad. Enumerar a estos niños también es importante, dado que si se le pregunta a un padre cuántos hijos tiene, al niño que murió antes de nacer se lo cuenta como uno de ellos.

Recuerdo la primera cartelera pro-vida que creamos en el año 1990 aquí en nuestra comunidad de Staten Island, Nueva York, en los Estados Unidos. La cartelera representaba cómo se desarrollaba un niño por nacer. Una de las primeras llamadas telefónicas que recibí a causa de ella fue de una mujer que había perdido un hijo por aborto involuntario. “No puedo decirle cuán consolador es esa cartelera para mí. Gracias”. Eso fue todo lo que dijo.

Tal vez la razón por la que fue consoladora era que alguien le estaba diciendo públicamente lo que ella sabía en privado: que era un niño real. La vida de ese niño es importante, no importa cuán corta fue. La muerte de ese niño es importante, no importa cuántos no pueden llorar. Y el amor que tengo por ese niño es importante, inclusive si nadie más lo sabe.