22 Nov 2016

Ante la carta apostólica Misericordia et Misera

Enviado por Galsuinda

Ante la carta apostólica “Misericordia et misera” donde se extiende la facultad de los sacerdotes de absolver del pecado del aborto, y la multitud de comentarios que se han generado al respecto, desde Spei Mater - Proyecto Raquel, respuesta de la Iglesia al sufrimiento del aborto provocado, queremos comentar algunos aspectos:

a. Es una buena noticia en cuanto a que facilita que las personas arrepentidas y rotas puedan acercarse a Quien es la fuente de toda Misericordia y Perdón. Sin embargo, la Iglesia ya ha venido acogiendo con misericordia a las personas que han sufrido un aborto provocado, sin duda, el Proyecto Raquel, que busca no sólo la reconciliación sino también la sanación es prueba de ello. Eso sí, el requisito sigue siendo el mismo un corazón arrepentido

b. En ningún caso debe entenderse como una “normalización” del aborto o como suavizar la gravedad del mismo y de su destrucción: el aborto es siempre muy grave y quitarle importancia no hace bien a la persona que está sufriendo sus consecuencias, antes bien supone minimizar su dolor y su pérdida.

c. Tampoco el Papa está hablando específicamente de las mujeres, porque el aborto no es un tema de “mujeres” es un tema de personas, de familias y de la sociedad en su conjunto, y el arrepentimiento y la reconciliación debe de ser para todos los involucrados en el mismo.

d. Es un reto a la comunidad cristiana, tanto a sacerdotes como a laicos: al sacerdote se le pide que guie, apoye y alivie en un camino de reconciliación especial. A los fieles se nos pide también acogerlos en nuestras comunidades para ayudarles a transformar su vida.

e. No podemos leer este párrafo aislado de la carta apostólica y de su definición de misericordia como “acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida”
Desde Spei Mater- Proyecto Raquel ofrecemos acompañamiento en ese camino de reconciliación especial que nos menciona el Papa a las personas que han sufrido un aborto provocado y queremos igualmente ayudar a la formación de laicos y sacerdotes para que puedan apoyar, consolar y ser el verdadero “rostro de la misericordia” que tanto necesita el mundo.

 María José Mansilla

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