Blog de Galsuinda

16 Sep 2015

Capacitación Proyecto Raquel

Enviado por Galsuinda
Capacitación Proyecto Raquel
16-17 Octubre de 2015
Madriid
 
Cambio de lugar:  Parroquia de la Inmaculada Concepción  situada en la calle Goya 26
 
-La finalidad del Proyecto Raquel es ofrecer a las personas implicadas en un aborto provocado una atención individualizada a través de una red diocesana de sacerdotes, consejeros y psicólogos y psiquiatras.
-Esta atencion individualizada supone acompanarlas en un proceso psicológico y espiritual de sanación y reconciliación
-Vision integral de la persona que aúna lo psicológico y lo espiritual
-Basado en el sacramento Reconciliacion.
-Se implanta en cada Diócesis con la autorización del obispo correspondiente en colaboración con la Delegación
 
 
A quien va dirigido :
-A las personas que quieran participar en esta
gran tarea de la Iglesia, acercando a la Misericordia
de Dios a todos los que sufren las
consecuencias de un aborto
-Sacerdotes y laicos que quieran formar
parte del equipo de Proyecto Raquel
en la diocesis.
-Laicos que por su actividad profesional
o apostolica necesitan formacion sobre
el sindrome post aborto y el proyecto
Raquel
-Sacerdotes que en el ejercicio de su
ministerio encuentran cada vez más
personas que han sufrido un aborto provocado.
 
Equipo de Formación dirigido por :
María José Mansilla
Presidenta de Spei Mater
 
 
618 300 383
 
Siento no poder adjuntar el pdf. Eldocumento es gratuito, 

Tríptico para capacitación de proyecto Raquel by copyfree

16 Sep 2015
Carta Pastoral de Mons. Reig: «Porque es eterna su misericordia (Sal 135)»
 
Mons. Reig publica una carta pastoral con ocasión del Jubileo de la Misericordia y los XXV años de la restauración de la Diócesis Complutense
El Obispo de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, ha publicado una carta pastoral titulada: «Porque es eterna su misericordia (Sal 135). XXV años de la restauración de la Diócesis Complutense y el Jubileo de la Misericordia».
La carta consta de diez capítulos en los que se abordan los siguientes temas: 1) Los XXV años de la restauración, por el Papa San Juan Pablo II, de la Diócesis Complutense; 2) El Jubileo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco; 3) Una mirada al contexto cultural y social analizando la secularización y sus consecuencias, las raíces de la secularización, el secularismo, el laicismo y el relativismo moral, el nihilismo, la pérdida del alma y la postura de la Iglesia respecto a todo ello; 4) Orientaciones pastorales para una respuesta adecuada; 5) Los servicios diocesanos para la formación pastoral y evangelizadora; 6) Transmitir la fe en todos los ámbitos; 7) El cuidado de los seminarios y la promoción de las vocaciones; 8) La misericordia y sus falsificaciones; 9) el Sacramento del Perdón; y 10) Conclusión. 
 
 
  Carta Pastoral de Mons. Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares
 
Porque es eterna su misericordia (Sal 135)
 
XXV años de la restauración de la Diócesis Complutense y el Jubileo de la Misericordia
 
(PARA DESCARGAR EN PDF PINCHAR  AQUÍ)
8 Sep 2015

Comunicado de Proyecto Raquel

En cuanto a la prerrogativa que ha concedido el Papa Francisco en el Año jubilar para que los sacerdotes puedan perdonar el pecado del aborto y los distintos comentarios aparecidos en los medios de comunicación, desde Proyecto Raquel queremos comentar:

- La Iglesia siempre ha tendido la mano ofreciendo la misericordia y el perdón a las personas que han recurrido al aborto. Desde San Juan Pablo II en la encíclica Evangelium vitae, BenedictoXVI y el Papa Francisco lo han repetido en múltiples ocasiones, y precisamente Proyecto Raquel es una iniciativa que surge en el seno de la Iglesia para la sanación y reconciliación del postaborto y que está presente en varios países y entre ellos en España. Tampoco es nueva esta autorización, puesto que Juan Pablo II ya lo hizo en el año jubilar y también se ha otorgado en otras ocasiones como en la JMJ.

- Nos congratulamos, puesto que la cobertura que se está dando a la noticia servirá para que se visibilice el síndrome postaborto, el drama que viven las personas que han pasado por un aborto provocado y que la sanación viene de la mano del perdón y de la misericordia divina. Esperamos que sea una oportunidad para que tantas y tantas personas y familias destruidas por el aborto salgan de su silencio se acerquen al sacramento de la Reconciliación y al Proyecto Raquel.

- Queremos también aclarar que la necesidad de perdón no es únicamente de la mujer que aborta, sino de todos los que están involucrados en él: los varones, los médicos, aquellos que la animaron y a veces presionaron a abortar y de aquellos que apoyan y promueven el aborto.

- Perdonar y sanar las heridas del aborto no significa en absoluto minimizar su gravedad, muy al contrario, es poner de manifiesto la destrucción que el aborto trae consigo a todos los niveles. El Evangelio de la Misericordia supone ante todo ser fieles a la Verdad y desde ella poder abrirse al arrepentimiento y al Perdón.

María José Mansilla Arcos

Coordinadora Proyecto Raquel España

29 Ago 2015

por Tammy

Hasta que entré en el grupo post aborto no superé mi problema y cuantas veces sentí que me iba a suicidar. Pensaba que no merecía vivir ni ser feliz por lo que hice. Y de hecho, me intenté matar en alguna ocasión.

 
A la edad de 16 años, salí con mi primer novio. Era un chico popular que jugaba a fútbol y me emocioné. Comimos juntos, vimos una película y como todavía tenía tiempo conduje por nuestra zona rural un rato. Visitamos los establos de la familia y estuvimos con los caballos. Pero mi primera cita se convirtió en una pesadilla cuando él me violó en un granero.
 
No se lo conté a nadie porque él enseguida me amenazó diciendo que si lo contaba haría mi vida y la de mis seres amados desgraciada. A las dos semanas se lo conté a un amigo pero por entonces él ya había ido difundiendo su versión de los hechos y nadie me apoyaba, así que decidí olvidarlo y seguir adelante.
No pensé mucho en que podía haber quedado embarazada hasta que empecé a notar los primeros síntomas y me hice una prueba de embarazo en el aseo de una gasolinera. No quería que nadie supiera nada. Antes de hacerla ya tenia pensado qué haría si daba positiva y me había buscado ya el teléfono de una clínica donde me aconsejarían. Efectivamente, dio positiva y yo me enojé con Dios que había permitido no sólo la violación sino el embarazo.
 
Desde el teléfono público llamé a la clínica y me dieron hora enseguida. Decidí que nadie lo supiera, ni padres ni amigos y fui a la clínica a la espera de conseguir que me visitaran ese mismo día.
Fueron muy amables conmigo y me explicaron todo lo referente a la vida y al embarazo. Pero sólo hacían ecografías ciertos días y hubiese tenido que volver. Les dije llorando que estaba muy asustada y que no sabía qué hacer y me respondieron que, aún si decidía abortar, siempre tendría las puertas abiertas. Aún hoy, 17 años después, mantengo relación con uno de los consejeros.
 
Asustada por el bulo que el padre de mi bebé estaba extendiendo y con terror a quedar en evidencia me dirigí a una clínica abortista. Era lo opuesto a la anterior clínica que era acogedora y cálida. Ésta era fría y la gente que esperaba no se miraba las una a la otra. La recepcionista hablaba en voz alta por lo que no existía ninguna privacidad. Me dijo que ese día no me podían atender pero yo rogué y rogué porque no me podía perder un día más de colegio. Así que la convencí y entré de inmediato.
 
No hubo preguntas, ni les importó que estuviera sola. Sólo querían saber si tenia dinero para pagar. Fue una experiencia peor que la violación. Me iba convenciendo a mí misma de que lo que hacía estaba bien porque el niño era fruto de una violación. Me enojé con Dios. Yo sabía que en mi seno había un bebé y que la vida empieza con la concepción pero a mis 17 años, ni lo consideré.
 
No me dejaron ver la ecografía  mientras abortaba y me dijeron que estaba de 14 o 16 semanas. Pero por error escuché el latido del corazón de mi bebé. Le pedí entonces al médico que parase, que no quería abortar, pero me dijo que ya era demasiado tarde. Me dieron un Valium y tras el aborto me dieron prisa para que me vistiese y me marchara ya que necesitaban mi lugar pata otra. No se preocuparon de nada. Ni si me encontraba bien, ni si podía conducir, nada.
 
Me pasé dos horas llorando en mi coche. Realmente, no estaba bien para conducir. Dialogaba conmigo misma y me justificaba diciendo que había hecho lo que debía. Pero mi conciencia me alertaba de que había asesinado a no hijo y me repetía continuamente si yo era de verdad cristiana.
 
Durante muchos años oculte mi dolor y mi trauma. En la universidad tuve un desorden alimentario y aún no sé cómo sobreviví. Seguía frecuentando la iglesia pero me sentía vacía y muerta. Me preguntaba cómo Dios podía perdonarme por haber asesinado a mi hijo.
 
Con esfuerzo superé mi anorexia y dejé la bebida. Trabajé para superar la violación pero siempre obvié el tema del aborto. Incluso mi terapeuta llegó a decirme en algún momento que hice lo adecuado al abortar. Conocí a un chico en la iglesia y decidimos abstenernos de tener relaciones sexuales hasta la noche de bodas. Quería hacer las cosas bien. Pero pasaba el tiempo y yo todavía tenía resquicios de mi anorexia y depresión.
 
Siempre había querido trabajar apoyando a las muchachas que se quedan embarazadas como voluntaria. Un día se lo comenté al pastor de la iglesia y él me dijo que el centro más cercano que él conocía estaba a más de una hora. Me animó a que lo empezara yo en nuestra zona pues era muy necesario. Me animé y entonces empecé a estudiar y leer por mi cuenta todo lo relativo a la gestación y a la depresión post aborto y me di cuenta que éste esta mi problema real y que por él había sufrido tanto.
 
Hace un par de años entré en un grupo de terapia post aborto  en la que me ayudaron a aceptar lo que había hecho y a pedir perdón. Por fin he superado mi anorexia. A veces aún me deprimo pero salgo adelante y no me afecta en el día a día. En nuestro centro local de ayuda a la mujer gestante llevo un grupo post aborto y ayudo a estas mujeres que han abortado en su proceso de sanación.
 
Quiero decirles que el aborto no es nunca la solución y sólo hace que una situación difícil aún sea peor. Mientras abortaba yo preguntaba qué pasaría después pero nadie me respondió. Querían ir rápidos por si cambiaba de parecer. Durante años tenía ataques de pánico cada vez que escuchaba algo parecido al latido de un corazón. Sólo con los años, cuando estuve ya casada y embarazada de mi primer hijo hice la conexión entre el tic tac y mi miedo.
 
Hasta que entré en el grupo post aborto no superé mi problema y cuantas veces sentí que me iba a suicidar. Pensaba que no merecía vivir ni ser feliz por lo que hice. Y de hecho, me intenté matar en alguna ocasión.
Quiero contar lo que sufrí con la violación pero mucho más con los posteriores años de remordimientos. Me justificaba por la violación pero sabía que había matado una vida dentro de mí. El dolor de asesinar a un hijo concebido en una violación es el mismo que el de cualquier otro aborto. Lo he observado en nuestro centro local de ayuda a la mujer embarazada.
29 Ago 2015
Durante décadas se les ha dicho a las mujeres que pueden abortar con pocas o ninguna consecuencia. Nada podría estar más lejos de la verdad
Ya no pueden negar los hechos ni escapar de los titulares. La organización Center for Medical Progress ha presentado las evidencias en video (ya van siete) que confirman al aborto como negocio de sangre y en particular, la infernal práctica de Planned Parenthood, principal facilitadora de abortos en U.S.A. con influencias sobre cientos de otras organizaciones en Europa, Asia e Iberoamérica 
Informe detallado en inglés
Se trata de promover y facilitar el aborto para obtener los órganos de esos seres humanos abortados (en las más aberrantes formas) y traficar con ellos, comerciándolos entre entidades que se dicen ser de investigación científica.
Cuando de sostener su negocio se trata, Planned Parenthood no tiene límite. Incluso engaña a mujeres haciéndoles abortar, sin que ellas lo sepan. Esta es la denuncia y testimonio que Debby Efurd ha hecho público desde el blog Bound4Life.
¿Su razón para hablar después de años en silencio? El constatar, dice Debby, que los grandes medios de comunicación no dan cobertura a la verdad de las mujeres que han abortado. Millones que sufren en silencio -dice-, para quienes el aborto ha sido una experiencia traumática que ha cambiado sus vidas, desde su legalización en 1973. Yo estoy prestando mi voz en nombre de la comunidad del post-aborto, que para nadie cuenta… ¿Nuestro mensaje para Planned Parenthood?: ¡Nos has traicionado!
 
Debby Efurd pone el acento sobre el engaño en los objetivos que dicen defender entidades como Planned Parenthood (P.P.). Al ingresar en el sitio web de la organización, sobre la imagen de una serena, sonriente y joven mujer una sugerente frase te recibe: Asistencia-Cuidados. No importa dónde. "Haz una cita". Luego, en la sección "Quiénes Somos" del mismo portal, se ufanan al proclamar:
Somos un proveedor confiable de atención de la salud, un educador informado, un defensor apasionado y un socio internacional que ayuda a organizaciones similares de todo el mundo. Planned Parenthood facilita servicios vitales para atender la salud reproductiva, educación sexual e información a millones de mujeres, hombres y jóvenes en todo el mundo.
 
Debby los refuta señalando que las mujeres durante años se fiaron de ese discurso. "Pero fuimos gravemente engañadas. Cuando entré en su clínica en 1973, estaba sola, con 21 años, embarazada. Planned Parenthood no vio a una mujer necesitada de ayuda... ellos vieron el signo del dólar."
Debby estaba agobiada, tenía miedo, dudas sobre cómo podría hacer frente al embarazo. Ella necesitaba acompañamiento, información, cariño y todo aquello que su maternidad y el ser humano que llevaba en su vientre requiriesen. Pero la trataron como el recipiente que carga una mercancía. No fui informada del procedimiento médico al que me someterían. Nunca recibí asesoría ni tampoco una llamada telefónica (post aborto)  de seguimiento…
 
Nada más entrar en el recinto dice Debby, lo primero que hubo de hacer fue pagar en efectivo por los servicios que le iban a otorgar. Luego, sin más trámite o servicio alguno, le llevaron a la sala de procedimientos. Sólo quien le practicó el aborto habló… Buenas noticias, ya no tienes un bebé. Al terminar le mostraron la puerta de salida. No lloré -recuerda Debby- y escondí mis emociones, el dolor, por mucho, muchísimo tiempo.
 
Tengo esperanza en que una investigación certera al proveedor de abortos más grande del país, mostrará el alcance de este engaño; tal vez entonces las necesidades físicas, mentales y emocionales de las mujeres que están en sus momentos más vulnerables, finalmente serán lo primero a considerar, reflexiona esta mujer estadounidense. Durante décadas -prosigue-, se les ha dicho a las mujeres que pueden abortar con pocas o ninguna consecuencia. Nada podría estar más lejos de la verdad…
 
La mujer padece el síndrome post aborto, dolor psicológico, emocional, dolor físico incluso, angustias, depresión, enfermedades algunas de ellas, porque incluso el propio cuerpo -señala Debby-, de forma natural, se resiste al aborto. No soy la única que lo sabe, hay millones como yo, mujeres que nos arrepentimos de haber abortado y que hemos sufrido en silencio. Durante demasiado tiempo, escondimos un secreto que nos destruía lentamente. Pero estamos haciendo oír nuestras voces con cada día que pasa.
18 Jul 2015
Antonio Oriente, fundador y vicepresidente de la Asociación Italia de Ginecólogos y Obstetras Católicos, no lo esconde: «Soy ginecólogo y hasta hace pocos años mataba a los hijos de los demás con mis propias manos», lamenta.
Sabrina Pietrangeli Palazzi / L´Ottimista
15 mayo 2013
El doctor Antonio OrienteAl principio fue Bernard Nathanson. Hablamos del famoso ginecólogo estadounidense que durante su época de trabajo activo coleccionó más de 75.000 abortos, hasta que se dio cuenta de lo que significaba la «humanidad» del feto y realizó un auténtico camino de conversión que le llevó a escribir «La mano de Dios». Desde ese momento, su trabajo se convirtió en una lucha por completo a favor de la vida incipiente. 
Pero «la mano de Dios» continúa trabajando en todos los continentes, y también Italia tiene su propio Nathanson: es el doctor Antonio Oriente. También él, como Nathanson, vivía su cotidianeidad practicando abortos rutinariamente y hoy, sin embargo, es fundador y vicepresidente de la Asociación Italiana de Ginecólogos y Obstetras Católicos. Un cambio radical que él explicó recientemente en un congreso realizado por la asociación. 
 
Silencio absoluto
«Me llamo Antonio Oriente, soy ginecólogo y, hasta hace pocos años, yo, con estas manos, mataba a los hijos de los demás». Hielo. Silencio absoluto. La frase pronunciada es seca, sin reflejo de duda, lúcida. La verdad sin falsas beaterías, con la crudeza lógica y la simplicidad de quien ha comprendido y ya ha pagado las consecuencias. La de quien ha tenido el tiempo de pedir perdón.
Llaman la atención dos cosas de esta frase y son dos enormes verdades: la palabra «mataba», que desvela el engaño del término interrupción voluntaria, y la palabra «hijos». No embriones, no agrupaciones de células, sino hijos. Simplemente. Y el doctor Oriente consideraba que su práctica cotidiana de abortos era una forma de asistencia a las personas que tenían un «problema». 
«Venían a mi estudio –cuenta-, y me decían: “Doctor, he tenido una aventura con una mujer, yo no quería dejar a mi familia, amo a mi esposa. Pero ahora esta mujer está embarazada, ayúdeme...”. Y yo le ayudaba. O a lo mejor llegaba una chica y decía: “Doctor, era la primera vez que me acostaba con alguien, no es el chico con el que me quiero casar, ha sido simplemente algo ocasional. Mi padre me matará si se entera... ¡Ayúdeme!”. Y yo la ayudaba. No pensaba que me estaba equivocando».
 
Años de calvario
Pero la vida continuaba haciéndole pensar: él, como ginecólogo que era, también traía niños a la vida. Su mujer, como pediatra, atendía a los niños de los demás. Pero no conseguían tener hijos propios. Una esterilidad insidiosa y sin motivo era la respuesta a su vida cotidiana. 
 
«Mi mujer ha sido siempre una mujer de Dios. Sólo gracias a ella y a su oración cambió algo. Para ella no tener hijos era un sufrimiento inmenso, enorme. Todas las noches que volvía a casa la encontraba triste y deprimida. No podía más. Después de años de calvario, una noche cualquiera no tenía el valor de volver a casa. Desesperado, apoyé la cabeza en mi escritorio y comenzé a llorar como un niño».
 
Y precisamente allí, en ese momento, la mano de Dios se hizo presente a través de una pareja que el doctor Oriente atendía desde hacía tiempo. Vieron la luz encendida tarde en su estudio, temieron que hubiera pasado algo y subieron. Encontraron al doctor en este estado que el define como «de tener compasión» y, por primera vez, abre su corazón a dos personas que eran solamente pacientes, practicamente desconocidos. Le dijeron: «Doctor, nosotros no tenemos una solución a su problema. Sin embargo, le podemos presentar a una persona que sí puede darle un sentido: Jesucristo». Y lo invitaron a un encuentro de oración que él esquivó hábilmente.
 
Pasó el tiempo y una noche, siempre inseguro sobre si volver a casa o no, decidió hacerlo a pie y, al pasar junto a un edificio, se sintió atraído por una música. Entró y se encontró en una sala donde algunas personas (casualmente el grupo de oración de la pareja que lo había invitado) estaban cantando. 
En un momento se encontró de rodillas llorando y recibió una revelación sobre su propia vida: «¿Cómo puedo pedir un hijo al Señor cuando yo mismo mato a los hijos de los demás?». 
 
El «no hacer» se convierte en un problema
Atrapado por un fervor improvisado, coge un papel y escribe su testamento espiritual: «Nunca más muerte, hasta la muerte». Después llama a su «Amigo» y se lo entrega, advirtiéndolo para que vigile sobre su constancia y su fe. Pasan las semanas y el doctor Oriente comienza a vivir de otra manera. Comienza también a coleccionar problemas, sobre todo entre los colegas en su ambiente de trabajo. En ciertos casos el «no hacer» se convierte también en un problema: profesional, económico, de imagen.
Una noche vuelve a casa y se encuentra a su mujer vomitando. Piensa en alguna indigestión, pero continua vomitando en los días siguientes. 
Entonces, propone a su mujer hacer un test de embarazo, pero ella se niega vehementemente. Eran demasiados los meses en los que ella, silenciosamente, los hacía, y recibía una puñalada al ver que siempre eran negativos... Pero después de un mes con este malestar, él le obliga a hacer un examen de sangre que muestra presencia del BetaHCG: ¡Estaban esperando un hijo!
Han pasado los años. Los dos hijos que la familia Oriente ha recibido como un don son hoy adolescentes. 
La vida de este médico ha cambiado totalmente. Es menos rico, menos famoso, una «mosca» en un ambiente donde el aborto se considera aún como una «forma de ayuda» a quien, debido a una vida poco ordenada o de un engaño, lo solicita. 
Pero él se considera rico, profundamente rico. De alegría familiar, de sus valores, del amor de Dios, de esa mano que le acaricia cada día haciéndole sentir digno de ser un «Hijo suyo».
4 Jul 2015
Me animé a redactar este testimonio gracias a que encontré por fin el inicio de la paz y el perdón que tanto andaba buscando desde que, hace un año, opté por la decisión “más fácil”, “más cómoda”, la que “dañaría a menos personas”, y la que al mismo tiempo terminó dañando a la persona que más amé hasta el momento: mi propio hijo.
 
Hace un año mi novio y yo, que llevamos juntos 7 años, descubrimos que estábamos esperando un hijo. Esto pasó cuando yo no podía seguir tomando anticonceptivos por motivos de salud. Fue una noticia que me dejó sin aliento. Sentí que perdía el juicio, y no era porque era una adolescente de 15 o 20 años, ya tenía 26 y una carrera profesional concluida, al igual que él. Simplemente sentí que no podría con la responsabilidad, que no estaba preparada, que no podría darle todo lo que pensé darle a mi primer hijo. Ahora puedo resumirlo en puro egoísmo.
 
Una de las cosas que más me reprocho es que mi novio había aceptado con alegría la noticia y, al ver mi negativa, me propuso que lo tuviese y que después me olvidara de él, que él lo criaría. A eso yo le respondí: “si tengo este hijo, me perderás a mí, porque no lo voy a soportar. O me ayudas, o lo hago sola”. Y así, en cuestión de horas, terminó aceptando.
 
Buscar a alguien dispuesto a “ayudarme” no fue difícil. Yo me mostraba muy decidida, aunque en el fondo el miedo me dominaba, y aunque no quería aceptarlo, yo ya lo estaba amando así de chiquito, casi imperceptible como lo vimos en la ecografía. En fin, llegó el día y muy segura fui a la clínica y en cuestión de minutos acabaron no sólo con mi hijo, sino con una parte de mí.
 
Hoy puedo decirles que el dolor físico no es siquiera comparable con el dolor que sentía en el alma. En el instante que salí un terrible arrepentimiento me invadió porque se me abrieron los ojos: ¡había matado a mi propio hijo! Eso fue peor que arrancarme una pierna o un brazo.
Mi novio también experimentó el mismo arrepentimiento y desde entonces solo buscamos formas de evadir el dolor. Nos sumergimos en el trabajo, en la rutina, en las cosas materiales, pero nada hacía que el dolor realmente pasara o mejorara y que volviéramos a sentirnos en paz. No había un solo día que no me sintiera arrepentida, que no llorara. Le pedí perdón a Dios muchas veces, empecé a leer la Biblia en busca de respuestas, iba a Misa, pero no me animaba a confesarme porque pensaba que no me perdonarían.
23 Jun 2015
El síndrome post aborto golpea a muchas mujeres (y hombres). Pero es ignorado por los medios de comunicación porque “incomoda”. ¿Qué experimenta una mujer, una mamá en el momento del aborto? ¿Y sobre todo después? Les compartimos algunos testimonios sinceros y sufridos que hablan por sí solos. Contados en primera persona. Incluyen la invitación a hacer un camino de “sanación” (que no excluye a los hombres).
 
Historias de llanto y de dolor
1.- «Me llamo Serena y soy de Roma. Hace siete años conocí el infierno, por no haber sabido ser paciente; debía reflexionar y comprender lo que hubiera sido más correcto para mí y para mi hijo. En lugar de eso, me lancé sobre la opción más fácil. Cada instante revivo aquel de aquel maldito día con dolorosa lucidez y en cada ocasión el dolor se renueva, provocándome un dolor indescriptible. Yo, que soy considerada por todos como tierna, madura y sensible, he matado, porque de esto se trata, a mi niño. Yo, que lo debería haber protegido, he sido quien lo ha torturado».
 
2.- «Tengo 37 años y me llamo Lucía. Hace dos años con una enorme alegría estaba por ser mamá, pero mi compañero no estaba de acuerdo y se comportó en modo violento; tenía miedo y por eso decidí cambiar de ciudad para llevar adelante con serenidad el embarazo. Pero no fue suficiente: no me sentía segura y no tuve la valentía de proseguir la gestación. El trauma ha sido enorme. Se apagó la luz en mí y el sentido de culpa me comía viva. La depresión me impedía retomar mi vida; todo me parecía inútil, insignificante».
 
3.- «Cuando después del test me percaté de que estaba encinta, qué miedo, cuántos gritos, qué días de angustia! Tenía 18 años. Mis padres no tomaron bien la noticia y me dijeron que si no abortaba debía irme de casa. Tenía que decidir sola: nadie me habría dado hospedaje y mi novio había desaparecido. Deseaba tener a mi hijo, pero ¿cómo? Lloraba permanentemente. Después lo hice, aborté. Estuve muy mal: es una experiencia brutal que ha marcado mi vida y que no deseo a nadie».
 
4.- «En la sala de operaciones, antes del aborto, me daba vergüenza, me sentía violentada, golpeada en mi intimidad. Eran cinco a mi alrededor. Al despertar, estaba como paralizada: cuando me di cuenta de que no sería mamá, experimenté un tormento indescriptible. “No existe más! No existe más!”, gritaba desesperada dentro de mí. Desde ese momento comenzó mi calvario, hecho de remordimientos y de un sufrimiento que no se puede cancelar».
 
5.- «Me llamo Victoria. Era muy joven cuando quedé en cinta. No quería aquel embarazo, pero nadie intentó hacerme cambiar de opinión. ¿No era mi derecho? Hoy tengo 32 años, estoy casada y tengo dos niñas. Pero hoy en día mi pensamiento va frecuentemente a aquel niño, a aquel pequeñito, a Andrés, que no quise. Estoy segura de que si alguien me hubiera explicado, dicho o sólo preguntado si lo había pensado bien, hoy mi hijo tendría 13 años».
 
6.- «Siempre me había considerado como alguien que respeta la vida, pero las circunstancias me llevaron a ese infame gesto… El aborto voluntario tiene la capacidad de mandar todo a volar. Es como si te arrancaran alma y cuerpo, dejándote en pedazos. Sólo un poco después logré vencer mi orgullo para admitir que la mía había sido la peor decisión. No sólo porque el aborto es el homicidio voluntario de un hijo por parte de su madre, sino también porque los síntomas que se manifiestan después son tan graves y destructivos para el cuerpo y para la psique (como me sucedió a mí), que diría que hubiera sido mejor tener aquel niño».
 
«Hubiera sido mejor tener aquel hijo»
4 Jun 2015

La mujer herida por el aborto

Enviado por Galsuinda

 

Conferencia de María José Mansilla en la sala Kutxa de la calle Arrasate, organizada por el Secretariado Social de la Diocesis de San Sebastian en la semana social de Ricardo Alberdi

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