Blog de Galsuinda

29 Ago 2015

por Tammy

Hasta que entré en el grupo post aborto no superé mi problema y cuantas veces sentí que me iba a suicidar. Pensaba que no merecía vivir ni ser feliz por lo que hice. Y de hecho, me intenté matar en alguna ocasión.

 
A la edad de 16 años, salí con mi primer novio. Era un chico popular que jugaba a fútbol y me emocioné. Comimos juntos, vimos una película y como todavía tenía tiempo conduje por nuestra zona rural un rato. Visitamos los establos de la familia y estuvimos con los caballos. Pero mi primera cita se convirtió en una pesadilla cuando él me violó en un granero.
 
No se lo conté a nadie porque él enseguida me amenazó diciendo que si lo contaba haría mi vida y la de mis seres amados desgraciada. A las dos semanas se lo conté a un amigo pero por entonces él ya había ido difundiendo su versión de los hechos y nadie me apoyaba, así que decidí olvidarlo y seguir adelante.
No pensé mucho en que podía haber quedado embarazada hasta que empecé a notar los primeros síntomas y me hice una prueba de embarazo en el aseo de una gasolinera. No quería que nadie supiera nada. Antes de hacerla ya tenia pensado qué haría si daba positiva y me había buscado ya el teléfono de una clínica donde me aconsejarían. Efectivamente, dio positiva y yo me enojé con Dios que había permitido no sólo la violación sino el embarazo.
 
Desde el teléfono público llamé a la clínica y me dieron hora enseguida. Decidí que nadie lo supiera, ni padres ni amigos y fui a la clínica a la espera de conseguir que me visitaran ese mismo día.
Fueron muy amables conmigo y me explicaron todo lo referente a la vida y al embarazo. Pero sólo hacían ecografías ciertos días y hubiese tenido que volver. Les dije llorando que estaba muy asustada y que no sabía qué hacer y me respondieron que, aún si decidía abortar, siempre tendría las puertas abiertas. Aún hoy, 17 años después, mantengo relación con uno de los consejeros.
 
Asustada por el bulo que el padre de mi bebé estaba extendiendo y con terror a quedar en evidencia me dirigí a una clínica abortista. Era lo opuesto a la anterior clínica que era acogedora y cálida. Ésta era fría y la gente que esperaba no se miraba las una a la otra. La recepcionista hablaba en voz alta por lo que no existía ninguna privacidad. Me dijo que ese día no me podían atender pero yo rogué y rogué porque no me podía perder un día más de colegio. Así que la convencí y entré de inmediato.
 
No hubo preguntas, ni les importó que estuviera sola. Sólo querían saber si tenia dinero para pagar. Fue una experiencia peor que la violación. Me iba convenciendo a mí misma de que lo que hacía estaba bien porque el niño era fruto de una violación. Me enojé con Dios. Yo sabía que en mi seno había un bebé y que la vida empieza con la concepción pero a mis 17 años, ni lo consideré.
 
No me dejaron ver la ecografía  mientras abortaba y me dijeron que estaba de 14 o 16 semanas. Pero por error escuché el latido del corazón de mi bebé. Le pedí entonces al médico que parase, que no quería abortar, pero me dijo que ya era demasiado tarde. Me dieron un Valium y tras el aborto me dieron prisa para que me vistiese y me marchara ya que necesitaban mi lugar pata otra. No se preocuparon de nada. Ni si me encontraba bien, ni si podía conducir, nada.
 
Me pasé dos horas llorando en mi coche. Realmente, no estaba bien para conducir. Dialogaba conmigo misma y me justificaba diciendo que había hecho lo que debía. Pero mi conciencia me alertaba de que había asesinado a no hijo y me repetía continuamente si yo era de verdad cristiana.
 
Durante muchos años oculte mi dolor y mi trauma. En la universidad tuve un desorden alimentario y aún no sé cómo sobreviví. Seguía frecuentando la iglesia pero me sentía vacía y muerta. Me preguntaba cómo Dios podía perdonarme por haber asesinado a mi hijo.
 
Con esfuerzo superé mi anorexia y dejé la bebida. Trabajé para superar la violación pero siempre obvié el tema del aborto. Incluso mi terapeuta llegó a decirme en algún momento que hice lo adecuado al abortar. Conocí a un chico en la iglesia y decidimos abstenernos de tener relaciones sexuales hasta la noche de bodas. Quería hacer las cosas bien. Pero pasaba el tiempo y yo todavía tenía resquicios de mi anorexia y depresión.
 
Siempre había querido trabajar apoyando a las muchachas que se quedan embarazadas como voluntaria. Un día se lo comenté al pastor de la iglesia y él me dijo que el centro más cercano que él conocía estaba a más de una hora. Me animó a que lo empezara yo en nuestra zona pues era muy necesario. Me animé y entonces empecé a estudiar y leer por mi cuenta todo lo relativo a la gestación y a la depresión post aborto y me di cuenta que éste esta mi problema real y que por él había sufrido tanto.
 
Hace un par de años entré en un grupo de terapia post aborto  en la que me ayudaron a aceptar lo que había hecho y a pedir perdón. Por fin he superado mi anorexia. A veces aún me deprimo pero salgo adelante y no me afecta en el día a día. En nuestro centro local de ayuda a la mujer gestante llevo un grupo post aborto y ayudo a estas mujeres que han abortado en su proceso de sanación.
 
Quiero decirles que el aborto no es nunca la solución y sólo hace que una situación difícil aún sea peor. Mientras abortaba yo preguntaba qué pasaría después pero nadie me respondió. Querían ir rápidos por si cambiaba de parecer. Durante años tenía ataques de pánico cada vez que escuchaba algo parecido al latido de un corazón. Sólo con los años, cuando estuve ya casada y embarazada de mi primer hijo hice la conexión entre el tic tac y mi miedo.
 
Hasta que entré en el grupo post aborto no superé mi problema y cuantas veces sentí que me iba a suicidar. Pensaba que no merecía vivir ni ser feliz por lo que hice. Y de hecho, me intenté matar en alguna ocasión.
Quiero contar lo que sufrí con la violación pero mucho más con los posteriores años de remordimientos. Me justificaba por la violación pero sabía que había matado una vida dentro de mí. El dolor de asesinar a un hijo concebido en una violación es el mismo que el de cualquier otro aborto. Lo he observado en nuestro centro local de ayuda a la mujer embarazada.
29 Ago 2015
Durante décadas se les ha dicho a las mujeres que pueden abortar con pocas o ninguna consecuencia. Nada podría estar más lejos de la verdad
Ya no pueden negar los hechos ni escapar de los titulares. La organización Center for Medical Progress ha presentado las evidencias en video (ya van siete) que confirman al aborto como negocio de sangre y en particular, la infernal práctica de Planned Parenthood, principal facilitadora de abortos en U.S.A. con influencias sobre cientos de otras organizaciones en Europa, Asia e Iberoamérica 
Informe detallado en inglés
Se trata de promover y facilitar el aborto para obtener los órganos de esos seres humanos abortados (en las más aberrantes formas) y traficar con ellos, comerciándolos entre entidades que se dicen ser de investigación científica.
Cuando de sostener su negocio se trata, Planned Parenthood no tiene límite. Incluso engaña a mujeres haciéndoles abortar, sin que ellas lo sepan. Esta es la denuncia y testimonio que Debby Efurd ha hecho público desde el blog Bound4Life.
¿Su razón para hablar después de años en silencio? El constatar, dice Debby, que los grandes medios de comunicación no dan cobertura a la verdad de las mujeres que han abortado. Millones que sufren en silencio -dice-, para quienes el aborto ha sido una experiencia traumática que ha cambiado sus vidas, desde su legalización en 1973. Yo estoy prestando mi voz en nombre de la comunidad del post-aborto, que para nadie cuenta… ¿Nuestro mensaje para Planned Parenthood?: ¡Nos has traicionado!
 
Debby Efurd pone el acento sobre el engaño en los objetivos que dicen defender entidades como Planned Parenthood (P.P.). Al ingresar en el sitio web de la organización, sobre la imagen de una serena, sonriente y joven mujer una sugerente frase te recibe: Asistencia-Cuidados. No importa dónde. "Haz una cita". Luego, en la sección "Quiénes Somos" del mismo portal, se ufanan al proclamar:
Somos un proveedor confiable de atención de la salud, un educador informado, un defensor apasionado y un socio internacional que ayuda a organizaciones similares de todo el mundo. Planned Parenthood facilita servicios vitales para atender la salud reproductiva, educación sexual e información a millones de mujeres, hombres y jóvenes en todo el mundo.
 
Debby los refuta señalando que las mujeres durante años se fiaron de ese discurso. "Pero fuimos gravemente engañadas. Cuando entré en su clínica en 1973, estaba sola, con 21 años, embarazada. Planned Parenthood no vio a una mujer necesitada de ayuda... ellos vieron el signo del dólar."
Debby estaba agobiada, tenía miedo, dudas sobre cómo podría hacer frente al embarazo. Ella necesitaba acompañamiento, información, cariño y todo aquello que su maternidad y el ser humano que llevaba en su vientre requiriesen. Pero la trataron como el recipiente que carga una mercancía. No fui informada del procedimiento médico al que me someterían. Nunca recibí asesoría ni tampoco una llamada telefónica (post aborto)  de seguimiento…
 
Nada más entrar en el recinto dice Debby, lo primero que hubo de hacer fue pagar en efectivo por los servicios que le iban a otorgar. Luego, sin más trámite o servicio alguno, le llevaron a la sala de procedimientos. Sólo quien le practicó el aborto habló… Buenas noticias, ya no tienes un bebé. Al terminar le mostraron la puerta de salida. No lloré -recuerda Debby- y escondí mis emociones, el dolor, por mucho, muchísimo tiempo.
 
Tengo esperanza en que una investigación certera al proveedor de abortos más grande del país, mostrará el alcance de este engaño; tal vez entonces las necesidades físicas, mentales y emocionales de las mujeres que están en sus momentos más vulnerables, finalmente serán lo primero a considerar, reflexiona esta mujer estadounidense. Durante décadas -prosigue-, se les ha dicho a las mujeres que pueden abortar con pocas o ninguna consecuencia. Nada podría estar más lejos de la verdad…
 
La mujer padece el síndrome post aborto, dolor psicológico, emocional, dolor físico incluso, angustias, depresión, enfermedades algunas de ellas, porque incluso el propio cuerpo -señala Debby-, de forma natural, se resiste al aborto. No soy la única que lo sabe, hay millones como yo, mujeres que nos arrepentimos de haber abortado y que hemos sufrido en silencio. Durante demasiado tiempo, escondimos un secreto que nos destruía lentamente. Pero estamos haciendo oír nuestras voces con cada día que pasa.
18 Jul 2015
Antonio Oriente, fundador y vicepresidente de la Asociación Italia de Ginecólogos y Obstetras Católicos, no lo esconde: «Soy ginecólogo y hasta hace pocos años mataba a los hijos de los demás con mis propias manos», lamenta.
Sabrina Pietrangeli Palazzi / L´Ottimista
15 mayo 2013
El doctor Antonio OrienteAl principio fue Bernard Nathanson. Hablamos del famoso ginecólogo estadounidense que durante su época de trabajo activo coleccionó más de 75.000 abortos, hasta que se dio cuenta de lo que significaba la «humanidad» del feto y realizó un auténtico camino de conversión que le llevó a escribir «La mano de Dios». Desde ese momento, su trabajo se convirtió en una lucha por completo a favor de la vida incipiente. 
Pero «la mano de Dios» continúa trabajando en todos los continentes, y también Italia tiene su propio Nathanson: es el doctor Antonio Oriente. También él, como Nathanson, vivía su cotidianeidad practicando abortos rutinariamente y hoy, sin embargo, es fundador y vicepresidente de la Asociación Italiana de Ginecólogos y Obstetras Católicos. Un cambio radical que él explicó recientemente en un congreso realizado por la asociación. 
 
Silencio absoluto
«Me llamo Antonio Oriente, soy ginecólogo y, hasta hace pocos años, yo, con estas manos, mataba a los hijos de los demás». Hielo. Silencio absoluto. La frase pronunciada es seca, sin reflejo de duda, lúcida. La verdad sin falsas beaterías, con la crudeza lógica y la simplicidad de quien ha comprendido y ya ha pagado las consecuencias. La de quien ha tenido el tiempo de pedir perdón.
Llaman la atención dos cosas de esta frase y son dos enormes verdades: la palabra «mataba», que desvela el engaño del término interrupción voluntaria, y la palabra «hijos». No embriones, no agrupaciones de células, sino hijos. Simplemente. Y el doctor Oriente consideraba que su práctica cotidiana de abortos era una forma de asistencia a las personas que tenían un «problema». 
«Venían a mi estudio –cuenta-, y me decían: “Doctor, he tenido una aventura con una mujer, yo no quería dejar a mi familia, amo a mi esposa. Pero ahora esta mujer está embarazada, ayúdeme...”. Y yo le ayudaba. O a lo mejor llegaba una chica y decía: “Doctor, era la primera vez que me acostaba con alguien, no es el chico con el que me quiero casar, ha sido simplemente algo ocasional. Mi padre me matará si se entera... ¡Ayúdeme!”. Y yo la ayudaba. No pensaba que me estaba equivocando».
 
Años de calvario
Pero la vida continuaba haciéndole pensar: él, como ginecólogo que era, también traía niños a la vida. Su mujer, como pediatra, atendía a los niños de los demás. Pero no conseguían tener hijos propios. Una esterilidad insidiosa y sin motivo era la respuesta a su vida cotidiana. 
 
«Mi mujer ha sido siempre una mujer de Dios. Sólo gracias a ella y a su oración cambió algo. Para ella no tener hijos era un sufrimiento inmenso, enorme. Todas las noches que volvía a casa la encontraba triste y deprimida. No podía más. Después de años de calvario, una noche cualquiera no tenía el valor de volver a casa. Desesperado, apoyé la cabeza en mi escritorio y comenzé a llorar como un niño».
 
Y precisamente allí, en ese momento, la mano de Dios se hizo presente a través de una pareja que el doctor Oriente atendía desde hacía tiempo. Vieron la luz encendida tarde en su estudio, temieron que hubiera pasado algo y subieron. Encontraron al doctor en este estado que el define como «de tener compasión» y, por primera vez, abre su corazón a dos personas que eran solamente pacientes, practicamente desconocidos. Le dijeron: «Doctor, nosotros no tenemos una solución a su problema. Sin embargo, le podemos presentar a una persona que sí puede darle un sentido: Jesucristo». Y lo invitaron a un encuentro de oración que él esquivó hábilmente.
 
Pasó el tiempo y una noche, siempre inseguro sobre si volver a casa o no, decidió hacerlo a pie y, al pasar junto a un edificio, se sintió atraído por una música. Entró y se encontró en una sala donde algunas personas (casualmente el grupo de oración de la pareja que lo había invitado) estaban cantando. 
En un momento se encontró de rodillas llorando y recibió una revelación sobre su propia vida: «¿Cómo puedo pedir un hijo al Señor cuando yo mismo mato a los hijos de los demás?». 
 
El «no hacer» se convierte en un problema
Atrapado por un fervor improvisado, coge un papel y escribe su testamento espiritual: «Nunca más muerte, hasta la muerte». Después llama a su «Amigo» y se lo entrega, advirtiéndolo para que vigile sobre su constancia y su fe. Pasan las semanas y el doctor Oriente comienza a vivir de otra manera. Comienza también a coleccionar problemas, sobre todo entre los colegas en su ambiente de trabajo. En ciertos casos el «no hacer» se convierte también en un problema: profesional, económico, de imagen.
Una noche vuelve a casa y se encuentra a su mujer vomitando. Piensa en alguna indigestión, pero continua vomitando en los días siguientes. 
Entonces, propone a su mujer hacer un test de embarazo, pero ella se niega vehementemente. Eran demasiados los meses en los que ella, silenciosamente, los hacía, y recibía una puñalada al ver que siempre eran negativos... Pero después de un mes con este malestar, él le obliga a hacer un examen de sangre que muestra presencia del BetaHCG: ¡Estaban esperando un hijo!
Han pasado los años. Los dos hijos que la familia Oriente ha recibido como un don son hoy adolescentes. 
La vida de este médico ha cambiado totalmente. Es menos rico, menos famoso, una «mosca» en un ambiente donde el aborto se considera aún como una «forma de ayuda» a quien, debido a una vida poco ordenada o de un engaño, lo solicita. 
Pero él se considera rico, profundamente rico. De alegría familiar, de sus valores, del amor de Dios, de esa mano que le acaricia cada día haciéndole sentir digno de ser un «Hijo suyo».
4 Jul 2015
Me animé a redactar este testimonio gracias a que encontré por fin el inicio de la paz y el perdón que tanto andaba buscando desde que, hace un año, opté por la decisión “más fácil”, “más cómoda”, la que “dañaría a menos personas”, y la que al mismo tiempo terminó dañando a la persona que más amé hasta el momento: mi propio hijo.
 
Hace un año mi novio y yo, que llevamos juntos 7 años, descubrimos que estábamos esperando un hijo. Esto pasó cuando yo no podía seguir tomando anticonceptivos por motivos de salud. Fue una noticia que me dejó sin aliento. Sentí que perdía el juicio, y no era porque era una adolescente de 15 o 20 años, ya tenía 26 y una carrera profesional concluida, al igual que él. Simplemente sentí que no podría con la responsabilidad, que no estaba preparada, que no podría darle todo lo que pensé darle a mi primer hijo. Ahora puedo resumirlo en puro egoísmo.
 
Una de las cosas que más me reprocho es que mi novio había aceptado con alegría la noticia y, al ver mi negativa, me propuso que lo tuviese y que después me olvidara de él, que él lo criaría. A eso yo le respondí: “si tengo este hijo, me perderás a mí, porque no lo voy a soportar. O me ayudas, o lo hago sola”. Y así, en cuestión de horas, terminó aceptando.
 
Buscar a alguien dispuesto a “ayudarme” no fue difícil. Yo me mostraba muy decidida, aunque en el fondo el miedo me dominaba, y aunque no quería aceptarlo, yo ya lo estaba amando así de chiquito, casi imperceptible como lo vimos en la ecografía. En fin, llegó el día y muy segura fui a la clínica y en cuestión de minutos acabaron no sólo con mi hijo, sino con una parte de mí.
 
Hoy puedo decirles que el dolor físico no es siquiera comparable con el dolor que sentía en el alma. En el instante que salí un terrible arrepentimiento me invadió porque se me abrieron los ojos: ¡había matado a mi propio hijo! Eso fue peor que arrancarme una pierna o un brazo.
Mi novio también experimentó el mismo arrepentimiento y desde entonces solo buscamos formas de evadir el dolor. Nos sumergimos en el trabajo, en la rutina, en las cosas materiales, pero nada hacía que el dolor realmente pasara o mejorara y que volviéramos a sentirnos en paz. No había un solo día que no me sintiera arrepentida, que no llorara. Le pedí perdón a Dios muchas veces, empecé a leer la Biblia en busca de respuestas, iba a Misa, pero no me animaba a confesarme porque pensaba que no me perdonarían.
23 Jun 2015
El síndrome post aborto golpea a muchas mujeres (y hombres). Pero es ignorado por los medios de comunicación porque “incomoda”. ¿Qué experimenta una mujer, una mamá en el momento del aborto? ¿Y sobre todo después? Les compartimos algunos testimonios sinceros y sufridos que hablan por sí solos. Contados en primera persona. Incluyen la invitación a hacer un camino de “sanación” (que no excluye a los hombres).
 
Historias de llanto y de dolor
1.- «Me llamo Serena y soy de Roma. Hace siete años conocí el infierno, por no haber sabido ser paciente; debía reflexionar y comprender lo que hubiera sido más correcto para mí y para mi hijo. En lugar de eso, me lancé sobre la opción más fácil. Cada instante revivo aquel de aquel maldito día con dolorosa lucidez y en cada ocasión el dolor se renueva, provocándome un dolor indescriptible. Yo, que soy considerada por todos como tierna, madura y sensible, he matado, porque de esto se trata, a mi niño. Yo, que lo debería haber protegido, he sido quien lo ha torturado».
 
2.- «Tengo 37 años y me llamo Lucía. Hace dos años con una enorme alegría estaba por ser mamá, pero mi compañero no estaba de acuerdo y se comportó en modo violento; tenía miedo y por eso decidí cambiar de ciudad para llevar adelante con serenidad el embarazo. Pero no fue suficiente: no me sentía segura y no tuve la valentía de proseguir la gestación. El trauma ha sido enorme. Se apagó la luz en mí y el sentido de culpa me comía viva. La depresión me impedía retomar mi vida; todo me parecía inútil, insignificante».
 
3.- «Cuando después del test me percaté de que estaba encinta, qué miedo, cuántos gritos, qué días de angustia! Tenía 18 años. Mis padres no tomaron bien la noticia y me dijeron que si no abortaba debía irme de casa. Tenía que decidir sola: nadie me habría dado hospedaje y mi novio había desaparecido. Deseaba tener a mi hijo, pero ¿cómo? Lloraba permanentemente. Después lo hice, aborté. Estuve muy mal: es una experiencia brutal que ha marcado mi vida y que no deseo a nadie».
 
4.- «En la sala de operaciones, antes del aborto, me daba vergüenza, me sentía violentada, golpeada en mi intimidad. Eran cinco a mi alrededor. Al despertar, estaba como paralizada: cuando me di cuenta de que no sería mamá, experimenté un tormento indescriptible. “No existe más! No existe más!”, gritaba desesperada dentro de mí. Desde ese momento comenzó mi calvario, hecho de remordimientos y de un sufrimiento que no se puede cancelar».
 
5.- «Me llamo Victoria. Era muy joven cuando quedé en cinta. No quería aquel embarazo, pero nadie intentó hacerme cambiar de opinión. ¿No era mi derecho? Hoy tengo 32 años, estoy casada y tengo dos niñas. Pero hoy en día mi pensamiento va frecuentemente a aquel niño, a aquel pequeñito, a Andrés, que no quise. Estoy segura de que si alguien me hubiera explicado, dicho o sólo preguntado si lo había pensado bien, hoy mi hijo tendría 13 años».
 
6.- «Siempre me había considerado como alguien que respeta la vida, pero las circunstancias me llevaron a ese infame gesto… El aborto voluntario tiene la capacidad de mandar todo a volar. Es como si te arrancaran alma y cuerpo, dejándote en pedazos. Sólo un poco después logré vencer mi orgullo para admitir que la mía había sido la peor decisión. No sólo porque el aborto es el homicidio voluntario de un hijo por parte de su madre, sino también porque los síntomas que se manifiestan después son tan graves y destructivos para el cuerpo y para la psique (como me sucedió a mí), que diría que hubiera sido mejor tener aquel niño».
 
«Hubiera sido mejor tener aquel hijo»
4 Jun 2015

La mujer herida por el aborto

Enviado por Galsuinda

 

Conferencia de María José Mansilla en la sala Kutxa de la calle Arrasate, organizada por el Secretariado Social de la Diocesis de San Sebastian en la semana social de Ricardo Alberdi

2 Jun 2015
ROMA, 01 Jun. 15 / 02:22 pm (ACI).- Zhang Xihuan no sabe lo que pasaba por su mente cuando bebió un sorbo de pesticida que tenía guardado en su casa en la provincia rural de Shandong (China). Tal vez pensaba en sus vecinos que la habían condenado al ostracismo cuando le fue diagnosticado hepatitis B; o tal vez en las horas dedicadas a ganarse la vida recogiendo el carbón que caía en la carretera.
En cualquier caso, cuando Xihuan se llevó a los labios la botella de pesticida en mayo de 2009, hacía lo mismo que innumerables mujeres chinas han hecho y seguirán haciendo: quitarse la vida antes que enfrentar la dura realidad de su sociedad; con la diferencia de que Xihuan sobrevivió para contar su historia a la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según esta organización de las Naciones Unidas, China concentra el 26 por ciento de los suicidios en todo el mundo. El suicidio es la quinta causa principal de muerte en el país y la tasa de suicidio en mujeres es de un 25 por ciento más que en los hombres. Las jóvenes de las zonas rurales son las más propensas a quitarse la vida, escogiendo mayormente el pesticida.
Las razones
La fundadora y presidenta de la organización Derechos de la Mujer Sin Fronteras, Reggie Littlejohn, dijo a ACI Prensa que además de la violencia doméstica y la discriminación, las mujeres en China están traumatizadas por la aplicación brutal de la política del único hijo del Partido Comunista, iniciada hace 35 años y que ha matado a entre 360 y 400 millones de no nacidos.
Littlejohn cree que el Partido Comunista de China está utilizando su política del único hijo como medio de control social "disfrazado de control de la población". "Diría sin duda alguna que (el PCCh) está manteniendo su control de poder por medio del derramamiento de sangre de mujeres y niños inocentes", denunció.
Advirtió que esta política también está rompiendo relaciones y la confianza en la sociedad china a través de su sistema de informantes pagados que denuncian a las mujeres embarazadas “ilegalmente” y a sus familias. La infraestructura de la Política de Planificación Familiar de China aniquila cualquier forma de disidencia en el país, señaló.
4 Mar 2015
Misericordia para sanar las heridas del aborto
Por Carme Munté / Samuel Gutiérrez
Barcelona
 
Como enfermera en la maternidad de un hospital público de Cataluña. A sus 24 años, era la alegría de aquel centro, jovial y dicharachera, encantada con su profesión, que por aquellos tiempos todavía no contaba con los avances actuales. Escuchábamos a los bebés con "trompetas"... -explica- Era el momento de descubrir la vida y yo descubrí muchísimas. Era muy feliz ejerciendo mi profesión. En aquellos tiempos participé en unos 2.000 nacimientos." 
 
La alegría de A.D. se transformó en profunda tristeza una fría mañana del mes de enero. El director del centro le pidió que le preparara el quirófano, pero no el instrumental. Ella obedeció sin hacerse más preguntas... Al rato se asomó al quirófano para ver si necesitaba algo y lo que contempló le horrorizó: "Una mujer en la mesa de partos, cubierta totalmente con tallas verdes, el médico revestido y nadie más... Vi el quirófano y el gesto del médico reventando la cabeza de un bebé, que, por lo que sé ahora, pesaría quilo y medio. Vi moverse el bracito de la criatura, los pies... y sigo viéndolo todavía con una gran angustia y dolor." 
 
Pese al shock que provocó aquella experiencia en la joven enfermera y al cambio sustancial en su estado de ánimo, A.D. tuvo bloqueados estos recuerdos. Cada vez, sin embargo, que salía el tema del aborto, entraba en crisis y no podía evitar las lágrimas y la ansiedad. Como compensación, aunque esto lo ha sabido más tarde, se volcó por completo en su trabajo. Su afán era salvar bebés: "Una vida dedicada a la vida." Pero nunca volvió a ser la misma. 
 
Una vida dedicada a la vida
Ley del aborto Más de 30 años después de acontecidos los hechos, durante el debate público sobre la ley del aborto del gobierno socialista, aprobada en 2010, despertó de nuevo con gran virulencia en A.D. el recuerdo, no borrado, de la experiencia vivida. "Era un tema que tenía bloqueado, cerrado a cal y canto, hasta que el debate de la ley Aído provocó que se removiera todo de nuevo -constata con lágrimas en los ojos-. Se me desencadenó una situación psicológica insoportable..." Durante aquellos años, movida por el deseo de ayudar a las madres embarazadas, había entrado en contacto puntual con Pro-Vida. 
 
En 2009 participó en Zaragoza en uno de sus congresos nacionales (1) y expuso por primera vez en público lo que le había pasado. Algunos de los participantes en el congreso hablaron con ella. Le dijeron que tenía todos los síntomas de un síndrome postaborto y le animaron a buscar ayuda psicológica. El médico de cabecera la derivó a una psiquiatra que no la creyó... Casi la tomó por mentirosa, aunque le ofreció medicación para calmar la ansiedad. A.D. no aceptó y fue derivada a una psicóloga, también de la Seguridad Social, que le ayudó mucho, pero hasta un cierto límite: "Llegó un punto en que, para acabar la terapia, querían que cambiara la percepción y que no viera aquello como algo malo..." 
 
Precisamente, uno de los grandes dramas hoy es que los problemas de las personas que sufren las consecuencias del aborto no son reconocidos como tales y eso impide curar sus heridas. "Total, sólo eran cuatro células", dirán muchos. Lo que no saben es que una experiencia así marca para toda la vida. Las madres llevan a sus hijos en el corazón y quieren saber dónde están... Las consecuencias, además, no sólo les alcanzan a ellas sino a todas las personas que, de un modo u otro, han estado alrededor del aborto. Tras años de angustia solapada y pese a no haber llegado hasta el final en la terapia, el paso por la psicóloga dejó a A.D. más tranquila. Podía hablar del tema y la angustia había menguado. Quedaba, sin embargo, pendiente la sanación completa.
 
Proyecto Raquel de Barcelona 
La ayuda la encontró hace pocos meses en el Proyecto Raquel de Barcelona, una iniciativa de carácter diocesano que ofrece orientación y ayuda a las personas que sufren las consecuencias del aborto: "Allí empecé a tener presente a aquella mujer del quirófano, que no sé quién es y a la que nunca he culpabilizado, pues siempre la he considerado una víctima, y también al médico, al que nunca había podido perdonar..." A.D. inició un proceso de sanación personal que ha acabado dándole una paz que ni sospechaba: "Sigo llorando, pero lo hago con paz." Tomar conciencia del perdón y la misericordia de Dios le ha ayudado a curar las heridas de una experiencia en la que no participó directamente, pero que le dejó graves secuelas. "He ido mejorando poco a poco -acaba diciendo- y ahora me estoy capacitando para ayudar también a otras personas en circunstancias parecidas. Estoy aprendiendo cómo acercarme y consolar... Soy consciente del dolor, del sufrimiento, de la impotencia, de las consecuencias del aborto, porque lo he vivido. Sé lo que están pasando, pero al mismo tiempo soy un buen testimonio de que esa herida puede ser sanada." 
Notas
(1) IV Congreso Internacional por la Vida donde estuvo nuestra querida Magaly Llaguno y fue distiguida con el premio Humanidad   
1 Mar 2015
 
El obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, miembro de la subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, ha publicado un mensaje dirigido a sus diocesanos animando a participar en la manifestación "Cada Vida Importa"  del 14 de marzo en Madrid y a participar en las actividades ligadas a la defensa y promoción de la vida y la infancia en Cuaresma, marcada por la fecha del 25 de marzo, día de la Vida o del Niño por Nacer en muchos países y fiesta de la Encarnación.
 
Reig Pla es el primer obispo español -y el único por ahora- en animar a participar en la manifestación del 14 de marzo. Por lo general, desde las grandes manifestaciones en defensa del matrimonio en 2005, los obispos españoles no suelen animar con escritos a sus diocesanos a participar en manifestaciones concretas, aunque a veces feliciten a quienes participen en ellas. 
 
El obispo recuerda además la Jornada por la vida con el lema «Hay mucha vida en cada vida»  y el programa de promoción de grupos provida en parroquias SpeiMater. Como un signo de compromiso con la infancia, la diócesis de Alcalá está fomentando también la devoción a sus santos patronos, los niños mártires Justo y Pastor, asesinados por las autoridades romanas en la antigua ciudad de Compluto.
 
Texto de la carta del obispo
 
Una cuaresma llena de vida
20 Feb 2015
El Miércoles de Ceniza, día 18 de febrero, iniciamos en todo el mundo la campaña internacional de oración y ayuno por el fin del aborto. Frente a los abortorios de 559 ciudades, en 27 países, nos uniremos para orar por el fin del aborto.
En España es la novena campaña consecutiva.
Te invitamos a hacerlo aquí
 

 

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