Blog de Galsuinda

30 Abr 2018
Desde hace 30 años Delia acompaña a mujeres que se han practicado un aborto y con su servicio las lleva a vivir el perdón como don del Resucitado. Después de haber padecido ella misma el dolor y el sufrimiento, Delia ha dedicado treinta años de su vida a brindar apoyo a mujeres que han abortado, a través de un programa que incluye un manual de sanación elaborado por el padre Richard Thomas, sacerdote jesuita norteamericano quien fue un férreo defensor de la vida en comunidades que padecen la miseria en México.
 

Toda mujer que ha pasado por el proceso de un aborto vive dolores indescriptibles, dice Delia en entrevista con Ana María Ibarra para diario Presencia de Ciudad Juárez (México). Ella es una testigo de la sanación que han recibido estas mujeres luego de un acompañamiento que considera la realidad espiritual. Así, puntualiza, nacen a una nueva vida y participan también de la resurrección de Cristo.
Sanada y liberada en la misión
Desde niña Delia sintió el llamado de Dios al servicio a los demás. Sin embargo, solo fue después de su experiencia traumática de aborto cuando, teniendo al padre Thomas como su director espiritual, empezó a asistir a las clínicas de aborto para persuadir a las mujeres a no abortar. Ahí empezó todo. “El padre Thomas ha sido una inspiración. Empecé en las clínicas de aborto, pero luego vimos la necesidad de sanar a quienes ya habían pasado por el proceso de aborto. De ahí surgió la idea. Era hacer algo más dentro de la Iglesia ante la necesidad de muchas mujeres sufriendo”, compartió Delia. 

 

Su labor comenzó siendo parte del llamado “Proyecto Raquel” a nivel diocesano y años después llegó “El Viñedo de Raquel”; un lugar de retiro con el objetivo de sanar espiritual y emocionalmente a la mujer que aborta. El proceso de sanación que ofrece el proyecto consta de nueve semanas donde se les guía con el manual “Camino de Esperanza” y después de ese período se realiza un retiro en “El Viñedo de Raquel” para dar clausura al proceso. Para quienes no pueden ir al retiro, Delia ofrece otro retiro espiritual para llegar reconciliarse, perdonarse por ese episodio de la vida. “El fruto es grandioso. Después de este proceso de terapia vuelven a una vida nueva. Desde la primera sesión se ven los cambios, la esperanza. Ellas se abandonan a Dios y acrecientan su fe. Se siente la presencia de Dios”, testimonia.
Y en caso de que alguna mujer no logre resolver su dolor, agrega Delia, ella les da un seguimiento continuo, aunque son pocas las que no logran sanar. “Mis experiencias negativas me ayudaron a ser la mujer que soy ahora y me han llevado a buscar el bienestar de otros. Es una misión que llevo a cabo gratuitamente y de tiempo completo para servicio a Dios y a otras mujeres”, explica.
El proceso
Delia sabe que no es fácil buscar ayuda o hablar de la experiencia del aborto con otras personas, sin embargo siempre hay alguien que canaliza a estas mujeres al encuentro. “En la primera cita me platican de ellas y les platico de mí, establecemos una empatía, una manera de podernos entender, de poder trabajar juntas. Con el manual logro guiarlas. Este manual se basa en la Palabra de Dios, la oración, y se deja tarea”, comparte Delia.
El proceso de sanación propone recrear todo lo sucedido, desde el embarazo hasta el momento del aborto. La persona va haciendo su camino acompañada para sanar la culpabilidad y al dolor de haber tomado esa decisión equivocada. “Se les ayuda a que verbalicen el hecho de haberse practicado un aborto. Cómo era su vida antes del embarazo, cómo recibió la noticia del embarazo, cómo la recibieron los de su entorno, las emociones que vivió. Todo esto analizado y reflexionado con citas bíblicas”, explica.
Después se trabaja concretamente con el momento del aborto, desde su llegada a la clínica. “La idea es desmenuzar lo más que se pueda la experiencia para llegar a una sanación completa. Muchas mujeres se cierran a ese recuerdo, llegan a la negación, no quieren acordarse, lo clausuran porque ya fue demasiado doloroso”.  Ocurre pues normalmente, aclara Delia, las mujeres no hablan con nadie del tema. Incluso algunas quieren borrar ese suceso con relaciones promiscuas, alcohol o drogas.
De la Pasión a la Resurrección
Delia cuenta que muchas mujeres se enojan con Dios porque se sienten abandonas por él, y ante esto, se les acompaña para que hagan experiencia de Dios y descubran que siempre ha estado con ellas. “El único que camina con nosotras es Jesús que nos lleva de la mano. Para nosotras el Domingo de Resurrección es (parte de) esta terapia. La celebración más maravillosa es la Vigilia donde se abren las puertas del cielo, donde entra la luz con nueva motivación de vida.  Esto lo aprendí a través del dolor, y de acompañar a otras personas”, expresó Delia, y agrega:
“Dios ha sido mi compañero fiel, ha sido fiel a todos mis desencantos, a mis dolores y me ha llevado a encontrar constantemente este domingo de resurrección de volver a la vida”, finalizó

 

 

16 Abr 2018

Religion en Libertad ha publicado este testimonio de una mujer que ha sufrido el SPA y ha sido atendida por Proyecto Raquel en Canadá 
Con la confianza de que ayude a otras madres y familiares y amigos de mujeres en esta situación a no juzgar y ayudarles. No dejéis de pasaros por SpeiMater donde encontraréis información para ayudar a las madres en peligro y cursos de formación

 

Fue presionada para abortar: «Es fácil juzgar un pecado hasta que conoces a quien lo ha cometido»

 

Elizabeth Peters

 
“En mis pesadillas, veo como asesinan a un hombre. Siempre es un hombre. Yo sabía que mi hijo iba a ser un niño”, eso es lo que Elizabeth Peters ha estado contando durante años a su psicólogo. El recuerdo del aborto al que se sometió la ha perseguido durante mucho tiempo en forma de pesadillas y traumas.
 
Es lo único que podemos hacer
Peters había sido criada en el catolicismo. Cuando tenía 20 años, tuvo un aborto, según ha contado al CatholicSentinel. Su novio le decía que eran demasiado jóvenes para ser padres. “Es lo único que podemos hacer”, le decía. Pidieron cita y él pagó la factura. Ella no quería abortar.
 
Cuando intentó cancelar la cita, la clínica abortista le dijo que era difícil conseguir una y que, si no aprovechaba la oportunidad ahora, tendría que seguir adelante con el embarazo. Además, el reembolso del dinero no sería completo. “Era un miedo tras otro”, recordaba Peters.
 
Tras ver una ecografía de su bebé, Peters no quería tomar la pastilla abortiva que le ofrecían. “Pero eran tres personas presionándome. Solo quería acabar con aquello, así que me tragué la pastilla”, ha contado.
 
Pesadillas, cambios de humor y estrés post-traumático
Entonces comenzó el estrés post-traumático. Las pesadillas no la dejaron dormir durante años. Padeció una enfermedad mental que ni siquiera aparece en los códigos de medicina, el Síndrome post-abortivo.
 
“Las mujeres que han sufrido un aborto pueden llegar a tener depresión, problemas de autoestima, dificultades para sentir afecto hacia otros hijos que tengan en el futuro,ansiedad e incluso cambios bruscos de humor”, ha dicho Emily Noack, psiquiatra del Catholic Charities of Oregon (catholiccharitiesoregon.org), que dirige el Proyecto Rachel (projectrachel.ca). Este proyecto también tiene presencia en España (Proyecto-raquel.com).
 
Ayuda profesional y espiritual personalizada
Noack y el equipo de Proyecto Rachel han abierto una cuenta de correo electrónico y una línea de teléfono para que tanto hombres como mujeres que hayan pasado una experiencia traumática relacionada con el aborto puedan pedir ayuda. El equipo colabora con otras parroquias, y ofrece una ayuda espiritual personalizada. El paciente puede elegir hablar con un compañero de oración, un sacerdote, una monja… etc.
 
“Esa colaboración entre las parroquias es clave”, ha explicado Hether Zarrilli, directora de Familia y Apoyo dentro de Catholic Charities of Oregon.  “Los sacerdotes no tienen ninguna clase de formación médica, y nosotros no tenemos ninguna formación espiritual. Cuando juntamos ambas disciplinas, el apoyo al paciente es total”.
 
Es muy fácil juzgar, hasta que conoces a la persona 
22 Mar 2018

Un artículo un poco largo, pero creo que merece la pena leerlo ante tanta negación del síndrome postraumático. Léelo con calma. Los enlaces del original están al final de la entrada. Un resumen de esto lo encontré en Aciprensa y decidí encontrarlo para leerlo entero. Espero os sirva.

 Las pesadillas de elección

por Rachel M. MacNair
"Tengo sueños fetos, todos lo hacemos aquí: sueños de abortos uno después del otro; de cubos de sangre salpicados en las paredes; árboles llenos de fetos que se arrastran ", informó Sallie Tisdale de su tiempo como enfermera en una instalación de aborto. Escribiendo en la revista Harper , contó de soñar que dos hombres la agarraron y la arrastraron lejos. 1
16 Mar 2018

Es de hace casi dos años pero la rescato de Aciprensa, ante la dudas de ciertos sectores que niegan la existencia del síndrome post aborto
Una joven madre soltera británica se suicidó casi un mes después de someterse a un aborto, “perseguida” por la decisión que tomó, según informa la prensa local.

Jade Rees. Foto de Facebook

Jade Rees, de 21 años, tenía un hijo de dos años, producto de una relación anterior. Comenzó un nuevo noviazgo a comienzos de 2015 y quedó embarazada.

Sin embargo, su novio terminó la relación y ella, sola y sumida en la depresión, se sometió a un aborto en octubre del año pasado.

Alrededor de tres semanas después, el 3 de noviembre, la joven se suicidó ahorcándose en su habitación. En su teléfono celular sonaba la canción “Small bump” (“pequeño bulto”) de Ed Sheeran, que cuenta un caso de un aborto espontáneo, hijo de unos amigos del compositor. En la canción de Sheeran se oyen frases como “porque eras solo un pequeño bulto durante cuatro meses, luego arrancado de la vida. Quizás te necesitaban allá arriba pero nosotros aún no sabemos por qué”.

Según el diario británico The Daily Mail, tras el aborto Jade quedó “molesta y angustiada”. En una carta dirigida a sus padres y a su pequeño hijo, Jade explicó el sufrimiento que afrontaba tras someterse al aborto.

28 Feb 2018

Hoy recogemos este artículo de  ReL Gracias por vuestra ayuda

Tengo 40 años y un pasado del que no me siento orgullosa pero la grandeza del Señor ha hecho que mi vida tome otro rumbo y pueda compartir con otras personas mi experiencia tras realizar el Proyecto Raquel.

Mi marido y yo tenemos tres hijos maravillosos. En la actualidad disfruto de mi familia y de la vida que el Señor me ha dado, pero eso no siempre ha sido así.

Hace poco más de dos años mi vida era muy diferente. Antes de que el Señor entrase en mi vida andaba siempre buscando respuestas a mi existencia.

Vacío existencial, a llenar con compras y gastos
Yo intentaba llenar un vacío existencial, mi sentimiento de falta de amor, con compras compulsivas, viajes caros, robos, mentiras y otras malas prácticas. Entre ellas, dos abortos, que me han marcado la vida.

Hace poco más de 14 años me quedé en estado. Llevaba poco más de un año casada. Mi marido lo que más deseaba era ser padre pero yo no me veía preparada en ese momento para ser madre. Yo tenía 25 años recién cumplidos y el hecho de ser madre lo sentía como una gran losa sobre mí.

Cuando supe que estaba embarazada me entró una especie de ataque de pánico y sin consultarlo con mi marido decidí pedir hora en una clínica abortiva en la zona alta de la ciudad. Así enseguida “se solucionó” ese “pequeño inconveniente”. No se lo conté más que a un par de amigas íntimas.
Durante muchísimos años el recuerdo de esa vida que no llegó al mundo quedó guardado como en una caja fuerte. No sentía remordimientos y me justificaba pensando que no eran más que unas pocas células sin vida propia. No creía que esa decisión traería secuelas a mi vida, pero años más tarde descubrí que sí.

Más hijos... y otro aborto
Un año después, volví a quedar en estado. En esta ocasión sí decidí tener a mi hija que ahora tiene 13 años.

Pasaron casi dos años cuando de nuevo volví a estar embarazada, en esta ocasión de un niño, que ahora tiene 11 años.

Y al poco tiempo de nacer mi segundo hijo descubrí con asombro que volvía a estar embarazada. Cuando me enteré de que estaba en estado se lo conté a mi marido y en esta ocasión de mutuo acuerdo mi marido y yo decidimos que no era el momento de traer una nueva vida al mundo.

Con la mayor frivolidad y falta de entendimiento abortamos esa vida.

Yo ya no estaba tan convencida de abortar, pero siento que me dejé arrastrar por la opinión de  que aquel no era un buen momento para tener otro bebé.

Comodidad material, pero una relación herida
Se puede decir que éramos una familia que vivía con comodidades materiales. Aparentemente lo teníamos todo.

Pero la realidad es que en nuestra casa reinaban los gritos, la falta de orden y la indisciplina. Tristemente, cada uno iba a la suya.

Yo no era una auténtica madre. No es que no me ocupara de ellos y los mimase muchísimo. Pero en aquella época lo primero era yo, lo segundo yo y si quedaba algo era para mí. A mis hijos les faltaban normas, límites y que su padre y yo fuéramos a una en su educación. Nos dedicábamos a discutir sobre quien lo hacía peor y a echarnos los trastos a la cabeza sin buscar soluciones ni pensar en ellos.

Como matrimonio, vivíamos en mundos paralelos, convivíamos en un mismo espacio pero cada uno hacía su vida. Seguíamos juntos después de 15 años casados, pero yo sentía que aquello no funcionaba como matrimonio ni como familia.

Dolor en la conciencia... y  búsqueda New Age
Al cabo de los años el recuerdo de los abortos y el mal de conciencia fueron haciendo mella en mí. Empecé a sentir que debía reparar aquel mal, pero no sabía cómo hacerlo.

Una amiga me habló de las “constelaciones familiares”, una especie de terapia alternativa. No dudé ni un instante en hacer una sesión y a pesar de que curiosamente el día que había quedado para hacer la constelación me surgieron varios imprevistos, finalmente asistí a la cita. Salí de la sesión más confusa y preocupada que antes porque todo aquello me pareció extraño y turbio pero no sabía bien qué era lo que me provocaba aquella sensación.

Al poco tiempo yo tenía mi mesita de noche atestada de libros de la nueva era. Era casi una experta en terapias alternativas y había acudido en infinidad de ocasiones a tarotistas, reiki, constelaciones familiares, cartas astrales y todo tipo de cosas que por aquel entonces me resultaba un mundo increíble y fascinante.

El vídeo de un religioso contra la New Age
Gracias a Dios, el Señor irrumpió en nuestras vidas hace ahora un par de años. Una noche me puse a ver vídeos y zapeando fui a caer en un vídeo en el que hablaba un religioso sobre los peligros de la Nueva Era. Lo vi hasta el final. Ese vídeo hablaba sobre las prácticas esotéricas que yo misma había hecho.

Esa noche me costó mucho dormirme. Ese vídeo me abrió los ojos y empecé a buscar más sobre el tema. Ese se puede decir que fue el principio de mi conversión.

A raíz de ahí fue como si el Señor me llamase diciéndome “hasta aquí hemos llegado, a partir de ahora vas a ir por el buen camino y vas a dejar atrás todas las malas prácticas”.
Poco después, limpié la casa de todos los objetos y libros que fueran en contra de la fe cristiana. La verdad es que no me costó nada hacerlo y a partir de ese momento empecé a leer la Biblia. Desde entonces es mi libro de cabecera al que acudo frecuentemente.

Un testimonio en un Retiro de Emaús
A finales de invierno del 2017 decidí participar en un Retiro de Emaús. Una de las charlas la hizo una chica que dio su testimonio sobre el aborto. Su testimonio me tocó de manera especial y fui a hablar con ella para expresarle mi agradecimiento.

28 Ene 2018
Hoy traigo el testimonio de Shaila, es de 2007. se publicó en un foro y me dio su permiso para copiarlo. Después de que el foro cerró lo traigo aquí.
 
Mi vida acabó un 6 de febrero de este año, cuando me arrancó el doctor J. R. de la Clínica Tacoronte de Tenerife a mi bebé de mi vientre.

Mi vida acabó un 6 de febrero de este año, cuando me arrancaron a mi bebé de mi vientre. Ese bebé que hubiera sido la gran felicidad de mi vida, y el motivo de mi existencia. Ese bebé que si le hubiera dado la oportunidad de vivir, hubiera sido el más feliz del mundo. Sufrí el aborto en la Clínica Tacoronte, de manos del Doctor J.R
Cuando quedé embarazada de mi actual pareja, era la persona mas feliz del mundo. Mi chico siempre me había dicho que él nunca me abandonaría en caso de un embarazo, todo lo contrario. Cuando me quedé embarazada, sólo pensaba que lo malo seria el decírselo a mis padres ya que yo soy bastante joven (18 años) y no se lo tomarían bien en un principio, pero pensaba que de igual forma me iban a ayudar. Jamás tuve ese apoyo.
Cuando me hice el test de embarazo en seguida salió positivo, estaba ilusionadísima, pero desde el momento que se enteró mi pareja, no le hacia mucha gracia, siempre estaba con su hija, y a mi me dejaba de lado (fue automático desde que se entero), no estaba para nada ilusionado, estuve esa época sensible y por nada lloraba, y el me decía que yo estaba insoportable etc., etc., yo me sentía muy triste porque no veía el único apoyo q iba a tener.
Una vez que se enteraron mis padres me dijeron q no se lo podían creer, que les avergonzaba como hija y que los había defraudado, ya que me creían mas madura. Pero yo sabía que solo pensaban en el qué dirán de la gente. Pero también me dijeron de abortar ya que las cosas no iban muy bien con mi novio y no nos veían futuro e iría mal.
Yo estaba fatal, no me podía creer que estuviera pensando en seguir adelante sola o abortar .Había defraudado a mis padres y me sentía muy sola también por parte de mi pareja. Estaba entre la espada y la pared.

22 Nov 2017
Abortó dos veces y buscó ayuda en la Nueva Era y las drogas: sólo en la Iglesia encontró consueloLeslie es conocida por llevar un cartel en las marchas provida que dice: ‘Lamento mi aborto’
22 noviembre 2017
El Papa Francisco habla en muchas ocasiones que la Iglesia debe ser un ‘hospital de campaña’ para atender a tantas personas heridas por el pecado e innumerables sufrimientos. Con el aborto se cumple perfectamente esta petición del Papa, pues muchas mujeres que han arrastrado durante años situaciones terribles tras haber abortado han encontrado descanso, perdón y también la fe.
 
Leslie Davis Blackwell es un ejemplo de cómo la Iglesia ha actuado como sanadora de unas terribles heridas provocadas por el aborto. Esta periodista estadounidense pasó de ser una activista proaborto, que llevaba incluso pegatinas a favor de abortar en su coche a impartir charlas por todo el país explicando el daño que hace a las mujeres acabar con la vida de su hija.
Sabe bien de lo que habla porque no abortó una vez, sino que lo hizo hasta en dos ocasiones. Y su cambio de vida le ha costado perder la amistad con gente que ella consideraba cercana y que sea considerada como una loca por parte de su familia.
 
El éxito laboral antes que los hijos
Desde muy joven Leslie soñaba con tener una carrera importante en la televisión como presentadora. Haría lo que fuera para conseguirlo y en 1980 con tan sólo 20 años se quedó embarazada justamente antes de que la ofrecieran un trabajo como presentadora de un programa matutino en la televisión local. Ella lo vio como una oportunidad para iniciar su carrera y en vez de rechazar el trabajo para ser madre decidió abortar a su hijo.Ni se lo pensó.
 
Llenar el vacío con fiestas
«Mi nueva carrera televisiva era mucho más importante que el embarazo incómodo que estaba creciendo en mí. Tenía que deshacerme de él», contó en la Marcha por la Vida de Washington en 2014.
Ella recordó haber sentido un ‘vacío’ tras el aborto pero rápidamente se refugió en su carrera. Leslie afirmaba ‘al disfrutar de mi nuevo estatus de celebridad local, iba de fiesta en fiesta, viviendo al límite, autodestruyéndome’.
 
El segundo aborto
Un año después se quedó embarazada de nuevo. ‘Me quedé en shock. ¿Cómo había podido pasar? ¿Cómo podía ser tan estúpida? Me angustié por la elección que tendría que hacer, no quería volver a visitar el horror’.
Sin embargo, volvió a abortar. ‘Estaba vacía, me odiaba’, cuenta al semanario Our Sunday Visitor. Este segundo aborto provocó mucho daño pero con una vida apresurada y más trabajos en medios intentó olvidar. Tras el aborto, la relación con el hombre que la dejó embarazada se rompió completamente.
 
Refugio sin éxito en la Nueva Era y en el activismo abortista
Sin embargo, al no conseguir la paz se refugió en la Nueva Era para intentar aplacar su culpabilidad así como tomando algunas drogas. Pero esto tampoco le servía y así fue como intentó justificar sus dos abortos convirtiéndose en una activista proaborto.
Mientras tanto, se casó por la Iglesia Episcopal, dejó tiempo atrás su fe católica, y hasta tuvo dos hijos pero siguió sin enfrentarse al dolor de los dos abortos.
 
El momento de la conversión
Con este odio que manifestaba en su lucha proabortista y de ataques a la Iglesia Católica pasó muchos años hasta que su padre falleció en 2008. Ese momento fue muy duro para ella y su tía Betty, ferviente católica, fue la que le consoló y le habló del amor de Dios.Poco a poco, se fue transformando el odio contra la Iglesia y ella cuenta que gracias a la Virgen María y la Divina Misericordia, volvió de nuevo a la fe católica.
Este fuerte encuentro con Dios que le devolvió la fe le iluminó con fuerza que había matado a dos personas y fue entonces cuando acudió a Rachel´s Vineyard (El viñedo de Raquel), un ministerio de ayuda espiritual para personas que han abortado.
Una mezcla de retiros, y grupos de apoyo que tienen como garantes a sacerdotes han ayudado ya a miles de mujeres en 25 países. Blackwell por fin se pudo perdonar en un proceso que duró tres años.
 
Activista en la defensa del no nacido
Este proceso la convirtió además en una apasionada defensora de la vida. ‘Mi familia pensó que había tenido un colapso. Pensaron que yo estaba loca y culparon a mi tía Betty. El infierno se estaba desatando a mi alrededor. El primer año después de mi conversión fue brutal’.
En la actualidad comparte su historia de sanación del aborto y conversión a todo el que lo pide y es representante en el estado de Virginia (EEUU) de la campaña Silent No More Awareness, donde habla de los males del aborto en su vida.
‘Ahora digo la verdad, los dones del Espíritu Santo me han cambiado radicalmente’, agrega. No le ha importado perder amigos, de los que cuatro de cada cinco han abortado. ‘Están incómodos a mi alrededor, pero algunos han venido discretamente a hablar conmigo sobre eso’.

‘La verdad me ha liberado’, concluye

17 Nov 2017
 
“Yo dije que no, dos veces, y no he dejado de arrepentirme toda mi vida. ¡Los echo tanto de menos! No lo pensé. Nadie me advirtió. Quería huir y morirme, no sabía que la muerte vendría después del aborto: el vacío, la soledad, el sentimiento de un útero desgarrado, y con éste, un corazón roto. Has sido elegida para ser madre de este niño: disfrútalo de verdad. Quiérelo, cuídalo, cuídate. Contempla esta obra maravillosa, siéntete especial; has sido tú la elegida para ser madre de este niño.”
Experiencias desgarradoras como la expresada por esta mujer en la carta que dirige a una chica que quiere abortar son las que viven las mujeres atendidas en el proyecto Raquel, uno de los proyectos de Spei Mater implantado en la diócesis de Valencia desde hace un año y que atiende a las personas que han sufrido las consecuencias de un aborto.
 

Desde el verano de 2016 se ha atendido a doce personas, de las cuales una parte ya ha completado el itinerario de sanación. Se trata de un proceso muy experimentado en el que la consejera (si la persona atendida es mujer) o el consejero (en el caso de que se atienda a un padre, compañero o sanitario que hubiera colaborado al aborto) transmiten a estas personas que tanto están sufriendo por un aborto, “el amor y la misericordia que Dios les tienen”, según señalan Vicente Codoñer y Mª Carmen Contell, responsables del proyecto. En este sentido, añaden que “la oración y los sacramentos de la penitencia y la eucaristía son los verdaderos nutrientes de los pasos y etapas, algunas de carácter psicológico, de este proceso sanador”.
 

Por otra parte, en este primer año de vida 35 personas que han querido ser consejeros del proyecto han asistido a una formación impartida en la parroquia Santiago Apóstol de Valencia. Se trata de sesiones que tienen lugar un sábado por la mañana al mes de “intenso trabajo y oración”, explican los responsables. Esta formación se ha retomado este curso.
 
Asimismo, se ha formado también un seminario de psicología en el que una decena de psicólogos vinculados al proyecto Raquel profundizan en determinados temas que pueden presentarse en personas implicadas en un aborto como son adicciones, dificultades familiares, entre otras.
 
A lo largo de este curso desde el proyecto Raquel también quieren seguir profundizando en la formación sobre todo “en aspectos relativos a la antropología adecuada de san Juan Pablo II, la maduración persona o las heridas del corazón. Además, hay prevista otro curso de capacitación, el primer paso para ser consejero del proyecto. Pero lo más importante para el proyecto, como destacan sus responsables, “es continuar con la atención a personas que necesiten la ayuda”. Una ayuda, inciden gratuita y confidencial.
 
Proyectos de Spei Mater
Spei Mater cuenta con otros dos proyectos además del proyecto Raquel. Uno de ellos es el proyecto Ángel, que atiende a mujer que quieren abortar. También la red de parroquias por la vida, donde organizan celebraciones todos los meses donde se reza por la vida y por las personas que están atendiendo en los otros proyectos.
 
+INFO Proyecto Raquel 665.191.171 (España)
 
 
24 Ago 2017
Massimo Segato es un médico abortista, socialista, ateo… Pero últimamente ya casi no hace abortos, intenta evitarlos. Tiene miles de ellos a sus espaldas. “Salía de la sala de operaciones y tenía un sentimiento de náuseas…”
¿Por qué ha hecho tantos abortos con dudas? Por militancia ideológica. “Alguien tenía que hacer el trabajo sucio y yo era uno de esos y todavía lo soy. Es como, para un soldado, ir a la guerra”.
 
Y sobre las mujeres, es claro: “No estoy sereno. Como no lo están las madres que durante tantos años han pasado por mi consulta. Jamás he visto una contenta con su aborto. Más bien, muchas son devoradas para siempre por el sentimiento de culpa”. Lo cuenta, con franqueza sorprendente, a Andrea Pasqualetto en Il Corriere.
 
Confesiones de un médico abortista: “Un trabajo sucio, como la guerra”
Aquel día sintió que se le helaba la sangre. La intervención no había salido bien y un mes después la señora todavía llevaba en su seno al niño que no quería.
 
“Había aspirado algo que no era el embrión, me había equivocado”, reconoce hoy con honestidad Massimo Segato, de 62 años, subdirector de Ginecología en el hospital de Valdagno, en el Alto Vicentino, médico no objetor con miles de interrupciones del embarazo a sus espaldas.
 
“Una mañana volví a encontrarme con esa señora, que acababa de dar a luz. Me detuvo y me dijo: ‘Doctor, ¿se acuerda de mí? ¿Ve esto? Esto es su error’”. Así que el niño no deseado había nacido. “Un precioso morito, ya tenía pelo y tomaba el pecho, tranquilo. Ella sonreía. Fue entonces cuando tuve mi primera crisis de conciencia”.
 
Hoy aquel recién nacido tiene treinta años, un trabajo y dos hermanos mayores. Y no sabe que vino al mundo por un error médico. “El error más hermoso de mi vida”, dice Segato.
 
Es la historia de un médico abortista y de un niño que no debía nacer. En aquella época Segato hacía trescientas intervenciones al año. Era el Veneto de la Ballena Blanca [apodo de la Democracia Cristiana], de una realidad social profundamente católica.
 
“Las religiosas del hospital se hacían cruces cuando me veían, el capellán decía que a mi lado Herodes era un aficionado, aunque luego comíamos juntos y nos habíamos hecho amigos. Yo, sin embargo, seguía convencido de mi decisión. La consideraba honrada y llena de sentido cívico, respetuosa de la vida de las madres destinadas a abortar clandestinamente. Querría recordar que antes de la ley de 1978 se usaban las agujas de tricotar y las tenazas y los ginecólogos se movían en un Ferrari porque se hacían pagar bien su trabajo sucio”.
 
Un poco radical, un poco socialista, ateo respetuoso y envidioso de quien tiene fe, Segato siempre ha ido muy contracorriente.
 
Casi todos los ginecólogos objetan
La gran mayoría de los médicos eran y son objetores, y en Valdagno son todavía 6 de 8, y 7 de 9 en la vecina Arzignano, donde él era responsable del servicio de abortos.
 
“No tengo nada contra ellos. Pero entre ellos también hay algún hipócrita: conozco uno, por ejemplo, que hacía abortos clandestinos. Por no hablar de los políticos. Recuerdo un caso en el 82: me llama el director, me dice, Massimo, éste es un caso delicado. Se trataba de un importante político casado, declaradamente contrario al aborto, que había llevado a su amante. El director  me dijo que pusiese a la chica en una habitación aparte para que nadie lo supiese”.
 
Después del error, sin embargo, algo cambió en su cabeza. Segato volvió a ver a aquella madre. “El niño crecía inteligente y vivaz. Un día la señora llegó incluso a agradecerme mi error. Es decir, se lo agradeció al Cielo. Cuando nació, sin embargo, quería denunciarme”.
 
Crecen las dudas 
Segato continuó siendo abortista, pero afloraron dudas y redujo el número de intervenciones.
 
“Y cada vez que salía de la sala de operaciones tenía un sentimiento de náuseas. Comenzaba a preguntarme si estaba realmente haciendo lo correcto. ¿Cuántos niños podían ser como aquel pequeño? Pero me respondía que sí, que estaba bien lo que hacía. Lo hacía por esas mujeres”.
 
Sin embargo, el convencimiento ideológico vacilaba
 
“Continuaba solo por compromiso cívico, por coherencia. Alguien tenía que hacer el trabajo sucio y yo era uno de esos y todavía lo soy. Es como, para un soldado, ir a la guerra. Si el Estado decide que hay que ir a la guerra, alguien tiene que ir”.
 
Hoy, tras treinta y cinco años de servicio, Segato ya casi no opera. Hace intervenciones ginecológicas, partos, ecografías. Pero no abortos.
 
 “Si puedo, lo evito y me siento contento. Sí, sé que yo también debería hacerme objetor, pero no lo hago por no desdecirme respecto a la decisión inicial. La verdad es que cuantos más años pasan más a disgusto me encuentro y sólo intervengo para emergencias. Pero si sucede, no estoy sereno. Como no lo están las madres que durante tantos años han pasado por mi consulta. Jamás he visto una contenta con su aborto. Más bien, muchas son devoradas para siempre por el sentimiento de culpa”.
 
“Cuando vuelvo a verlas me dicen: ‘Doctor, todavía tengo aquella cicatriz, me la llevaré a la tumba’. Luego lo piensas y le das vueltas y te dices que para muchas de ellas habría sido peor no hacerlo, y sigues adelante, autoabsolviéndote”.
 
Aquella mujer y aquel niño
Desde lo más profundo surgen preguntas existenciales: “¿La mujer o el embrión? ¿En qué momento comienza la vida? Nadie lo puede decir, ni siquiera la ciencia… tal vez la filosofía”.
 
La madre que no quería a su hijo se fue de Valdagno. “Tenía miedo de encontrarse conmigo, no quería que su hijo lo supiese”. Segato no les ha vuelto a ver ni les ha buscado. Pero están muy presentes en sus pensamiento y alguna vez, cuando le llaman para una emergencia, ellos le hablan en la distancia. 
 
Traducción de Carmelo López-Arias.

Leído en Rel

 

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