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17 Ene 2019

¡No soy un producto!

Enviado por Galsuinda

Este testimonio me ha recordado la confidencia de una amiga muy querida, ya fallecida. ¡Cómo afecta el aborto de los hermanos! Ellos también  sufren el síndrome postaborto. No importa qué religión tengan.
Cuando tenía 16 años tuve una conversación con mi madre que me cambió para siempre. Mi madre y mi padre nunca se casaron, se separaron cuando yo tenía 9 meses y nunca conocí a mi padre hasta que tuve 28 años. Mi madre silenciaba todo lo que se refería a su relación con mi padre. Nunca supe nada de la misma hasta una tarde cuando tenía 16 años en que mi madre decidió darme detalles de su noviazgo con mi padre.
Durante la conversación mi madre se mostraba muy triste y me dijo que conoció a mi padre cuando ella tenía 19 años y mi padre tenía 21 años. Él estudiaba en la universidad y mi madre vivía con mi abuela. Durante su noviazgo, mi madre me dijo que resultó embarazada; supuse que se refería a mí. Entre llantos me dijo que no se refería a mí; mis padres habían engendrado otro hijo antes que yo. Para ser más específica mi madre me dijo que era una niña y que yo tenía una hermana mayor. Mi pregunta natural fue que pasó con ella y mi madre me manifestó que ella y mi padre no se sentían preparados para tener una hija. Mi padre, aunque lo amo, cobardemente consiguió dinero y le sugirió a mi madre que se hiciera un aborto. Mi madre por temor o por amor, fue a una clínica clandestina a practicarse un aborto.
Cuando mi madre abortó, no salió un producto de ella, salió una niña. Hay grupos en la actualidad que no quieren llamarlos bebés o fetos, los llaman «productos»; ¡Que mentira más grande!, mi madre vio los brazos, piernas y cuerpo de mi hermana mientras era mutilada para «terminar» con el embarazo. No era un producto, era una vida, era mi hermana. No terminaron con un embarazo, asesinaron a mi hermana. El aborto no es una solución: es la salida más primitiva y horrenda que se pueda hacer. Asesinar a alguien nunca solucionará tus problemas. El día que mi madre abortó me privaron de mi hermana, de mi familia, de mis futuros sobrinos o sobrinas. Me privaron de amar y de ser amado por una hermana. En la actualidad las personas que favorecen el aborto dicen que quieren emancipar a las mujeres, que quieren liberarlas, ¡qué absurdo!
Mi madre después de 40 años aún se lamenta y llora por haber abortado a mi hermana. Aun ahora mi madre me pide perdón y llora cuando habla de la niña que fue asesinada antes de nacer. Nunca he visto a una mujer que haya abortado promover el aborto. Les aseguro que mi madre no apoya el aborto, todo lo contrario, aun siente la culpabilidad y la miseria de haber abortado. Mi madre está encerrada en una culpabilidad que le persigue hasta el día de hoy, aún no se puede perdonar a ella misma la cobarde decisión que tomo de terminar una vida. Cuando veo a mi madre no veo a una mujer liberada. Todo lo contrario, veo una mujer esclavizada por la tristeza de haber matado a su propia hija. Mi madre aún no había terminado con su relato. Me dijo que a los 20 años quedo otra vez embarazada de mi padre. Ambos pensaron que si abortar había funcionado antes seguramente funcionaría otra vez. Una vez más mi padre consiguió el dinero y mi madre fue a la misma clínica clandestina para abortar. Mientras estaba sentada en la clínica se tocó su estómago y recordó el vil asesinato de mi hermana. No pudo más, se puso a llorar, sintió una culpabilidad aplastante y entre lágrimas le habló al niño en su vientre. Se armó de valor y se fue de la clínica con un bebé en su vientre. Le dijo a mi padre que no abortaría, que prefería dar vida antes que quitarla otra vez. Ese bebé al que le habló en su vientre mientras estaba en la clínica era yo. Me prometió cuidarme, amarme y ha cumplido.
29 Dic 2018
Monette cedió a la presión de su marido y abortó dos veces. Sintiéndose condenada al infierno, se alejó de Dios y acudió al esoterismo. Ella misma cuenta en L'1visible cómo salió de él: ¡Jesús es más barato y más seguro!
 
Nací en una familia bretona muy católica. Me casé muy joven, con 18 años. Tuve un primer hijo. Muy pronto volví a quedarme embarazada, pero mi marido no quería tener otro hijo tan rápido. Yo era muy joven y no pude resistir a su voluntad. Lloré mucho, muchísimo, al salir de aquella operación, que me arrancó el corazón. Así que, muy poco después, se anunció otro embarazo, y le dije: “¡No, esta vez vamos a tener este hijo!” Y nació nuestra hija. Algún tiempo después, volví a quedar embarazada. Una vez más, mi marido no quiso tenerlo. En aquel momento me sentí con muchas menos fuerzas para defender a ese pequeño y aborté. Y de nuevo, enseguida lo lamenté mucho… “¡Voy a ir derecha al infierno…” Fue entonces un drama para mí, y aún lo es hoy.
 
A partir de ese momento me alejé de la Iglesia, pues pensaba: “¡Soy una desgraciada! Me voy a condenar en cualquier caso, el Señor ya no me quiere. No vale la pena que piense en Dios, ni que vaya a la iglesia y a misa, se acabó. ¡Voy a ir derecha al infierno!”
 
Así que comencé a buscar mi felicidad en otra parte. La sociedad me decía que podía encontrarla en los bienes materiales, pero eso no funcionó. Así que visité otros lares. Toqué un poco todas las teclas: en las sectas, en el esoterismo, etc. Mi búsqueda de la felicidad a diestro y siniestro duró dos años. Pero me daba cuenta perfectamente de que la felicidad que nos ofrecen el mundo o las sectas es un engaño. ¡Eso no es la felicidad!
 
Palabras que surtieron efecto
 
Un día me encuentro a una amiga y le cuento todas mis experiencias en el esoterismo. Me dice sin más: “¡Eh! ¡Monette, me das miedo! ¡Jesús es más barato y más seguro!” Su reacción me cautivó, literalmente. Un auténtico electrochoque. ¡Como si un rayo hubiese caído ante mis pies! Así que cambié de rumbo y me acerqué de nuevo a la Iglesia. Comencé a seguir toda la rutina, pero todavía sin creer demasiado.
 
Luego conocí a un sacerdote a quien conté mi “conversión”. Me dijo: “Monette, todo eso está muy bien. ¡Pero no has venido a confesarte!” ¡Nuevo electrochoque! Me tiré de la silla, lloré, grité… Esa confesión fue un momento extraordinario
21 Dic 2018

Hazte socio de SpeiMater

Enviado por Galsuinda

  En estas Navidad en que Dios se hace Niño, es tiempo de pensar en los niños no nacidos. 

  En esta Navidad en la que María, a punto de dar a luz, no encuentra posada es hora de pensar en las embarazadas que no encuentran apoyo. Rellena el formulario de la y hazte una foto, envíala por WhatsApp o por email. 

10 Dic 2018

Sobre el impacto a largo plazo que el aborto ha dejado en sus vidas.

7 diciembre 2018  

 Portaluz

El portal web FemCatholic acaba de publicar los resultados de una encuesta realizada a mujeres que han abortado. El objetivo, señalan, ha sido: “escuchar a las mujeres y aprender de ellas cómo podemos apoyarlas mejor cuando se enfrentan a embarazos inesperados o difíciles”.

Algunas mujeres hablaron de sus propios abortos, otras compartieron su experiencia como testigos del aborto realizado por alguien muy cercana a ellas. En este último grupo también dos hombres colaboraron.

Experiencias habituales -condicionantes/facilitadores- en quienes abortaron 

1.     Nadie le aconsejó que era posible tener el bebé, ni mostró confianza en su capacidad de ser madre. 

Varias mujeres detallaron experiencias que mostraban qué complejo les resultaba encontrar recursos para desenvolverse en la vida como madres jóvenes y solteras. "Ni una sola persona a mi alrededor me dijo que estaría bien tener al hijo.. Nadie mostró confianza en mí", escribe una de esas mujeres quien terminó abortando convencida, dice, de las mentiras que la cultura dominante promueve respecto a que “el aborto era la decisión más responsable que podía tomar una mujer joven en la universidad".

2.     Algunas no estaban informadas sobre los diversos servicios de ayuda a mujeres con embarazos inesperados, difíciles o en situación de vulnerabilidad. 

"¿Cómo puedo terminar mi carrera y ser madre? ¿Dónde puedo vivir? ¿Puedo continuar en la residencia de estudiantes? ¿Hay otras madres por ahí con carreras prósperas que comenzaron con un embarazo no planeado como mujer soltera?”, fueron interrogantes reiteradas. Una de esas encuestadas narró que después de haber tenido un aborto, descubrió que había una vivienda especial y ayuda financiera en su universidad para estudiantes "no convencionales" y que podría haber completado su título de una manera alternativa. "Me enferma pensar en ello. Si esa información hubiera estado fácilmente disponible, hoy tendría un niño de diez años", señaló.

3.     Los padres no la apoyaron.

"Vengo de una familia muy, muy tradicional. Me sentía tan sola, asustada. Sabía que mis padres me echarían de la casa y mi pareja huyó", recordó una mujer.

4.     Los mensajes de castidad-abstinencia contribuyeron a los sentimientos de vergüenza, a la percepción de falta de opciones y al miedo.

Uno de los varones encuestados relató la experiencia de su hermana, recordando que como su madre transmitía firmes enseñanzas en contra del sexo prematrimonial, esto sólo inflamó su sentido de aislamiento y vergüenza cuando se enteró de que estaba embarazada. "Creo que necesitamos un cambio cultural en la forma en que hablamos sobre el sexo y el embarazo para que las mujeres en esta situación no se sientan excluidas y avergonzadas tratando de resolverlo sin que nadie lo sepa", escribió.

5.     Las circunstancias eran adversas, y ella sentía que no tenía otra opción

"Todo apuntaba a elegir el aborto a causa de la pobreza; estaba soltera, en la escuela secundaria, no podría darle al niño una buena vida, era demasiado difícil, me rechazarían, no tendría ayuda, viviría del gobierno para siempre, nadie volvería a quererme", eran los miedos que condicionaron el aborto de muchas adolescentes y jóvenes.

Heridas a largo plazo

La encuesta también preguntó a las mujeres sobre el impacto a largo plazo que el aborto ha dejado en sus vidas. Muchas relataron los continuos problemas de salud física y mental con los que han quedado, incluyendo daños en el útero, ataques de pánico, depresión y dolor reiterado por la pérdida de sus hijos.

"Todavía pienso en mi hijo cada junio cuando él/ella habría nacido. Debería buscar ayuda. Sólo rezo para lograr sanar", escribió una mujer que todavía está deprimida.

28 Nov 2018

 

 

 

 

ReL Ha publicado estos días una nota. ¡No olvidéis a quienes han abortado! Necesitan ayuda para superarlo.

La decisión del Papa de extender a todos los sacerdotes la facultad que les había concedido, con ocasión del Jubileo de la Misericordia, de levantar la excomunión por el aborto, hasta entonces reservada al obispo del lugar, fue acogida con ilusión por las personas que trabajan en el Proyecto Raquel en España. Llevan a cabo una tarea de ayuda a  mujeres que han abortado y hombres que lo han impulsado o consentido y padecen el síndrome postaborto, y dicha facilidad es un instrumento decisivo en el proceso de sanación.

El síndrome postaborto son las secuelas psicológicas que mujeres y hombres sufren después de haber abortado, es un dolor que en ocasiones los acompaña toda una vida. Entre los síntomas destacan la ansiedad, las pesadillas, el estrés post-traumático y la depresión acompañada de un sentimiento de culpa que se agudiza en la fecha en la que el bebé hubiera nacido.

En conversación con Blanca Ruiz Antón para ACI Prensa, la presidenta de Spei Mater y Proyecto Raquel en EspañaMaría José Mansilla, dijo que además de agradecer el anuncio del Santo Padre, es necesario “acompañar a estas personas, darles luz y acogida. Esto es un reto tanto para los sacerdotes como para los laicos”.

Según Mansilla, lo que hace su organización es “una ayuda psicológica y espiritual, porque se trata de un problema que afecta a toda la persona” y que se divide en diez sesiones que se realizan en unos tres meses aproximadamente, pero “todo depende de las necesidades de cada una de las personas que participan”. En ese itinerario hay tres figuras fundamentales: el consejero, el sacerdote y el profesional de la salud mental, que en ocasiones puede obviarse.

“Se sigue una metodología de acompañamiento y no de terapia para que, como dice San Juan Pablo II en la Evangelium Vitae, ‘se comprenda lo que ha sucedido y asuma la verdad de las cosas’”.

En ese sentido, Mansilla manifestó que, si bien es muy importante “el perdón y la reconciliación sacramental, muchas personas no son capaces de asimilarlo y por eso necesitan un proceso para también perdonarse a sí mismas”.

Es necesario “vivir el duelo por la pérdida del bebé, despedirse de él. En el proyecto se les hace un pequeño funeral en el que los padres y las madres se despiden del pequeño no físicamente sino con la oración”, sostuvo.

Pero no sólo las mujeres acuden al Proyecto Mater, sino que “una de cada cuatro personas afectadas por el síndrome postaborto es un hombre”. Ellos lo sufren de manera parecida a las mujeres, pero con algunas diferencias, “en muchos casos no se sienten con derecho a estar tristes y sufrir la pérdida de ese hijo”.

“El plan está adaptado en algunos puntos ya que ellos no han pasado por la experiencia física, y también depende del papel que tuvieron en ese aborto: si se negaron, si dejaron a la mujer sola o si lo supieron años después”, aseguró la presidenta.

“Los casos que más me llaman la atención son las personas que abortaron hace muchos años y que llevan como 40 años con ese dolor en su corazón y que llegan buscando acabar con un sufrimiento que les ha acompañado toda una vida”.

“A veces, después del acompañamiento dejan una medicación que tomaban desde años. Ahí se ve la mano de Dios, al igual que cuando acuden chicas muy jóvenes de apenas 15 años que tienen un dolor en el corazón que les hace pensar que nada tiene sentido”, expresó Mansilla.

“Tras esta ayuda vuelven a nacer. También hay quienes cambian su vida por completo y llegan a decir, que a pesar de que parece increíble, de algo tan horrible, puede salir algo bueno, porque conoces la misericordia y eso cambia la vida”.

El Proyecto Raquel comenzó en 2010 y actualmente se encuentra en unas 33 diócesis españolas. Si bien la institución no lleva una estadística “podemos atender a unas trescientas mujeres al año entre todas las diócesis, pero sería lo mismo si atendiéramos tan solo a una”, aseguró Mansilla.

Este proyecto de ayuda a mujeres y hombres afectados por este síndrome nació en Estados Unidos pero se ha extendido a distintos países en el mundo

 
30 Abr 2018
Desde hace 30 años Delia acompaña a mujeres que se han practicado un aborto y con su servicio las lleva a vivir el perdón como don del Resucitado. Después de haber padecido ella misma el dolor y el sufrimiento, Delia ha dedicado treinta años de su vida a brindar apoyo a mujeres que han abortado, a través de un programa que incluye un manual de sanación elaborado por el padre Richard Thomas, sacerdote jesuita norteamericano quien fue un férreo defensor de la vida en comunidades que padecen la miseria en México.
 

Toda mujer que ha pasado por el proceso de un aborto vive dolores indescriptibles, dice Delia en entrevista con Ana María Ibarra para diario Presencia de Ciudad Juárez (México). Ella es una testigo de la sanación que han recibido estas mujeres luego de un acompañamiento que considera la realidad espiritual. Así, puntualiza, nacen a una nueva vida y participan también de la resurrección de Cristo.
Sanada y liberada en la misión
Desde niña Delia sintió el llamado de Dios al servicio a los demás. Sin embargo, solo fue después de su experiencia traumática de aborto cuando, teniendo al padre Thomas como su director espiritual, empezó a asistir a las clínicas de aborto para persuadir a las mujeres a no abortar. Ahí empezó todo. “El padre Thomas ha sido una inspiración. Empecé en las clínicas de aborto, pero luego vimos la necesidad de sanar a quienes ya habían pasado por el proceso de aborto. De ahí surgió la idea. Era hacer algo más dentro de la Iglesia ante la necesidad de muchas mujeres sufriendo”, compartió Delia. 

 

Su labor comenzó siendo parte del llamado “Proyecto Raquel” a nivel diocesano y años después llegó “El Viñedo de Raquel”; un lugar de retiro con el objetivo de sanar espiritual y emocionalmente a la mujer que aborta. El proceso de sanación que ofrece el proyecto consta de nueve semanas donde se les guía con el manual “Camino de Esperanza” y después de ese período se realiza un retiro en “El Viñedo de Raquel” para dar clausura al proceso. Para quienes no pueden ir al retiro, Delia ofrece otro retiro espiritual para llegar reconciliarse, perdonarse por ese episodio de la vida. “El fruto es grandioso. Después de este proceso de terapia vuelven a una vida nueva. Desde la primera sesión se ven los cambios, la esperanza. Ellas se abandonan a Dios y acrecientan su fe. Se siente la presencia de Dios”, testimonia.
Y en caso de que alguna mujer no logre resolver su dolor, agrega Delia, ella les da un seguimiento continuo, aunque son pocas las que no logran sanar. “Mis experiencias negativas me ayudaron a ser la mujer que soy ahora y me han llevado a buscar el bienestar de otros. Es una misión que llevo a cabo gratuitamente y de tiempo completo para servicio a Dios y a otras mujeres”, explica.
El proceso
Delia sabe que no es fácil buscar ayuda o hablar de la experiencia del aborto con otras personas, sin embargo siempre hay alguien que canaliza a estas mujeres al encuentro. “En la primera cita me platican de ellas y les platico de mí, establecemos una empatía, una manera de podernos entender, de poder trabajar juntas. Con el manual logro guiarlas. Este manual se basa en la Palabra de Dios, la oración, y se deja tarea”, comparte Delia.
El proceso de sanación propone recrear todo lo sucedido, desde el embarazo hasta el momento del aborto. La persona va haciendo su camino acompañada para sanar la culpabilidad y al dolor de haber tomado esa decisión equivocada. “Se les ayuda a que verbalicen el hecho de haberse practicado un aborto. Cómo era su vida antes del embarazo, cómo recibió la noticia del embarazo, cómo la recibieron los de su entorno, las emociones que vivió. Todo esto analizado y reflexionado con citas bíblicas”, explica.
Después se trabaja concretamente con el momento del aborto, desde su llegada a la clínica. “La idea es desmenuzar lo más que se pueda la experiencia para llegar a una sanación completa. Muchas mujeres se cierran a ese recuerdo, llegan a la negación, no quieren acordarse, lo clausuran porque ya fue demasiado doloroso”.  Ocurre pues normalmente, aclara Delia, las mujeres no hablan con nadie del tema. Incluso algunas quieren borrar ese suceso con relaciones promiscuas, alcohol o drogas.
De la Pasión a la Resurrección
Delia cuenta que muchas mujeres se enojan con Dios porque se sienten abandonas por él, y ante esto, se les acompaña para que hagan experiencia de Dios y descubran que siempre ha estado con ellas. “El único que camina con nosotras es Jesús que nos lleva de la mano. Para nosotras el Domingo de Resurrección es (parte de) esta terapia. La celebración más maravillosa es la Vigilia donde se abren las puertas del cielo, donde entra la luz con nueva motivación de vida.  Esto lo aprendí a través del dolor, y de acompañar a otras personas”, expresó Delia, y agrega:
“Dios ha sido mi compañero fiel, ha sido fiel a todos mis desencantos, a mis dolores y me ha llevado a encontrar constantemente este domingo de resurrección de volver a la vida”, finalizó

 

 

16 Abr 2018

Religion en Libertad ha publicado este testimonio de una mujer que ha sufrido el SPA y ha sido atendida por Proyecto Raquel en Canadá 
Con la confianza de que ayude a otras madres y familiares y amigos de mujeres en esta situación a no juzgar y ayudarles. No dejéis de pasaros por SpeiMater donde encontraréis información para ayudar a las madres en peligro y cursos de formación

 

Fue presionada para abortar: «Es fácil juzgar un pecado hasta que conoces a quien lo ha cometido»

 

Elizabeth Peters

 
“En mis pesadillas, veo como asesinan a un hombre. Siempre es un hombre. Yo sabía que mi hijo iba a ser un niño”, eso es lo que Elizabeth Peters ha estado contando durante años a su psicólogo. El recuerdo del aborto al que se sometió la ha perseguido durante mucho tiempo en forma de pesadillas y traumas.
 
Es lo único que podemos hacer
Peters había sido criada en el catolicismo. Cuando tenía 20 años, tuvo un aborto, según ha contado al CatholicSentinel. Su novio le decía que eran demasiado jóvenes para ser padres. “Es lo único que podemos hacer”, le decía. Pidieron cita y él pagó la factura. Ella no quería abortar.
 
Cuando intentó cancelar la cita, la clínica abortista le dijo que era difícil conseguir una y que, si no aprovechaba la oportunidad ahora, tendría que seguir adelante con el embarazo. Además, el reembolso del dinero no sería completo. “Era un miedo tras otro”, recordaba Peters.
 
Tras ver una ecografía de su bebé, Peters no quería tomar la pastilla abortiva que le ofrecían. “Pero eran tres personas presionándome. Solo quería acabar con aquello, así que me tragué la pastilla”, ha contado.
 
Pesadillas, cambios de humor y estrés post-traumático
Entonces comenzó el estrés post-traumático. Las pesadillas no la dejaron dormir durante años. Padeció una enfermedad mental que ni siquiera aparece en los códigos de medicina, el Síndrome post-abortivo.
 
“Las mujeres que han sufrido un aborto pueden llegar a tener depresión, problemas de autoestima, dificultades para sentir afecto hacia otros hijos que tengan en el futuro,ansiedad e incluso cambios bruscos de humor”, ha dicho Emily Noack, psiquiatra del Catholic Charities of Oregon (catholiccharitiesoregon.org), que dirige el Proyecto Rachel (projectrachel.ca). Este proyecto también tiene presencia en España (Proyecto-raquel.com).
 
Ayuda profesional y espiritual personalizada
Noack y el equipo de Proyecto Rachel han abierto una cuenta de correo electrónico y una línea de teléfono para que tanto hombres como mujeres que hayan pasado una experiencia traumática relacionada con el aborto puedan pedir ayuda. El equipo colabora con otras parroquias, y ofrece una ayuda espiritual personalizada. El paciente puede elegir hablar con un compañero de oración, un sacerdote, una monja… etc.
 
“Esa colaboración entre las parroquias es clave”, ha explicado Hether Zarrilli, directora de Familia y Apoyo dentro de Catholic Charities of Oregon.  “Los sacerdotes no tienen ninguna clase de formación médica, y nosotros no tenemos ninguna formación espiritual. Cuando juntamos ambas disciplinas, el apoyo al paciente es total”.
 
Es muy fácil juzgar, hasta que conoces a la persona 
22 Mar 2018

Un artículo un poco largo, pero creo que merece la pena leerlo ante tanta negación del síndrome postraumático. Léelo con calma. Los enlaces del original están al final de la entrada. Un resumen de esto lo encontré en Aciprensa y decidí encontrarlo para leerlo entero. Espero os sirva.

 Las pesadillas de elección

por Rachel M. MacNair
"Tengo sueños fetos, todos lo hacemos aquí: sueños de abortos uno después del otro; de cubos de sangre salpicados en las paredes; árboles llenos de fetos que se arrastran ", informó Sallie Tisdale de su tiempo como enfermera en una instalación de aborto. Escribiendo en la revista Harper , contó de soñar que dos hombres la agarraron y la arrastraron lejos. 1
16 Mar 2018

Es de hace casi dos años pero la rescato de Aciprensa, ante la dudas de ciertos sectores que niegan la existencia del síndrome post aborto
Una joven madre soltera británica se suicidó casi un mes después de someterse a un aborto, “perseguida” por la decisión que tomó, según informa la prensa local.

Jade Rees. Foto de Facebook

Jade Rees, de 21 años, tenía un hijo de dos años, producto de una relación anterior. Comenzó un nuevo noviazgo a comienzos de 2015 y quedó embarazada.

Sin embargo, su novio terminó la relación y ella, sola y sumida en la depresión, se sometió a un aborto en octubre del año pasado.

Alrededor de tres semanas después, el 3 de noviembre, la joven se suicidó ahorcándose en su habitación. En su teléfono celular sonaba la canción “Small bump” (“pequeño bulto”) de Ed Sheeran, que cuenta un caso de un aborto espontáneo, hijo de unos amigos del compositor. En la canción de Sheeran se oyen frases como “porque eras solo un pequeño bulto durante cuatro meses, luego arrancado de la vida. Quizás te necesitaban allá arriba pero nosotros aún no sabemos por qué”.

Según el diario británico The Daily Mail, tras el aborto Jade quedó “molesta y angustiada”. En una carta dirigida a sus padres y a su pequeño hijo, Jade explicó el sufrimiento que afrontaba tras someterse al aborto.

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